‘I, The Executioner’: la moral de la justicia

3’5 Butacas de 5

El detective Seo Do-cheol (Hwang Jung-min) y su división empiezan a perseguir a un asesino en serie cuando el asesinato de un profesor revela vínculos con casos anteriores. El criminal se mofa de un país confuso anunciando su siguiente movimiento a través de internet, por lo que el equipo de policías incorpora al idealista agente novato Park Sun-woo (Jung Hae-in) para reforzar su investigación.

I, the executioner es un thriller policial a la americana con todos los factores para ser un éxito comercial. La investigación más concienzuda se fusiona con algunas secuencias de pura lucha marcial desenfrenada. Pero, más allá de la acción y el thriller, plantea algunas cuestiones de reflexión fundamentales para nuestra sociedad dirigidas sobre todo a las nuevas generaciones.

El impacto de los medios de comunicación y las redes sociales en una era hiperconectada, juegan un papel más que relevante en la película surcoreana, pues las pesquisas policiales avanzan a trompicones por culpa de intereses egoístas ajenos y manipulaciones mediáticas, ocasionando una situación que sirve como advertencia ante al auge del amarillismo y la facilidad de las fake news.

Uno de los personajes espeta en un momento dado: “¿Hay asesinatos buenos y malos?”, confiriendo a la auténtica tesis de la película un carácter explícito. Ésta es la verdadera cuestión sobre la que habla I, the executioner: la moral de la justicia. Qué es justo. Aunque, por supuesto, lo más interesante son las secuencias de acción y el ritmo tan vivaz con que se narra la historia.

‘Exhuma’: una apuesta de una gran fuerza narrativa

4 Butacas de 5

La famosa chamana Hwa-rim (Kim Go-eun) y su aprendiz, son contratados por una adinerada familia para investigar una peculiar enfermedad que aqueja a su hijo primogénito.  Las pesquisas conducen a una antigua tumba familiar ubicada en tierra sagrada, que deciden exhumar junto al embalsamador y experto en feng shui más famoso de Corea, Kim Sang-deok (Choi Ming-sik). Esta decisión libera un mal poderoso que amenaza con destruirlos a todos.

El terror asiático siempre es bienvenido, pues suele lograr muy bien su propósito. En este caso, Exhuma construye una historia estrechamente vinculada a la religión, que ocasiona un fuerte impacto cultural desde su visionado occidental. Un choque que no repele al espectador, sino más bien lo intriga aún más ya que, aunque algunas cuestiones se escapen, lo desconocido suele cautivar, sobre todo en terreno terrorífico. Pero no todo es perturbación, pues el humor destensa algunos momentos abrumadores, como esa excelente sucesión de tres planos en que los protagonistas descubren el poder de protección de los tatuajes budistas y deciden pintarse oraciones en la cara, para después sorprender a un desubicado controlador de tráfico (descubrimiento – controlador – protagonistas con la cara pintada como última revelación de cara al espectador: construcción cómica).

Chamanes, espíritus y conjuros, en una película de dos horas y media que no pesa en ningún momento. Son la fuerza de la imagen y la construcción narrativa las que impulsan y dinamizan la acción. En un momento de cierta caída de la expectación, un punto de giro inesperado reactiva el interés de forma casi inmediata, pues el guion del propio Jae-hyun apenas se permite despistes. Es cuando llega ese tercer acto totémico, imponente e imborrable, cuando la cinta alcanza su punto álgido. Con esas oscuras secuencias en que el sonido lo es todo y la imperturbable voz ancestral de las profundidades clama en busca de sangre.