A través de los ojos de Carmen Chaplin y sus hermanos, surge la interrogante del origen y nacimiento de su abuelo, Charles Chaplin, y es este filme documental la respuesta que nos llevará a conocer un poco más la historia del cómico que revolucionó el cine mudo en 1920.
Es una carta de Jack Hill, un gitano inglés, la que abre la caja de Pandora en 1964. La carta explica que Chaplin realmente nació en una Caravana gitana en Birmingham. Con esta información, una pequeña raíz crece en la identidad del cómico y son sus hijos los que nos comparten los detalles a través de entrevistas íntimas.
Chaplin no solo arropó su origen romaní, sino que lo abrazó y mostró a sus hijos recordándoles en cada ocasión que había sangre gitana en sus venas, con acciones pequeñas como el día que recuerda Geraldine Chaplin, a su padre apoyar económicamente a unos miembros de dicha cultura que se encontró en medio de la carretera.
Cintas inéditas, fragmentos de películas del cómico, entrevistas con expertos y los testimonios de sus hijos son lo que compone este trabajo elaborado con varios años de esfuerzo y dedicación.
Un pequeño tributo y una gran sorpresa para los que no conocíamos la historia del artista, la desmitificación de un icono del cine mudo y un pedazo del corazón de sus hijos expuesto ante los espectadores que decidan darle una oportunidad.
«Ramón y Ramón» es una
bonita película peruana coproducida por El Deseo (la productora de Almodóvar),
que tiene como punto fuerte el valor y
la emoción. Quizás no sea muy original en sus formas, pero sabe jugar sus
cartas con honestidad, lo cual es algo digno de valorar, especialmente en estos
tiempos tan frívolos.
La historia arranca en Perú, durante la etapa más dura de
la pandemia, en el llamado confinamiento. Nuestro
protagonista, de nombre Ramón, está
confinado en su piso; acaba de separarse de su novio y se entera de la
muerte de un padre que nunca le había prestado mucha atención. Encerrado en su
edificio, conoce a un viajero español,
interpretado por Álvaro Cervantes, con quien pronto entablará una amistad
que Ramón intentará convertir en algo más.
El viaje, tanto literal como metafórico, de Ramón comienza cuando decide ir a la residencia de su padre, incinerar sus restos y coger la carretera rumbo a su pueblo natal para que las cenizas descansen en su antigua casa. Este camino le lleva a enfrentarse con su propio pasado y con familiares que nunca entendieron su orientación sexual, incluido su padre, quien lo rechazó durante toda su vida por esta razón.
El tema es potente, y el mensaje que reivindica es
valioso; es conmovedor, aunque ya lo hemos visto representado de mejor forma en
otras ocasiones. Esto no le quita mérito a Emanuel Soriano, quien realiza una gran
interpretación, con una mirada triste y contemplativa, luchando contra sí
mismo. Su identidadha sido motivo
de distanciamiento con sus seres queridos y lo ha convertido en una persona
irascible, incapaz de mantener relaciones estables.
Sin embargo, los diálogos pecan de ser demasiado
explicativos a nivel emocional. Hay muchos momentos de introspección, con
textos que se dirigen directamente al espectador. Es una película en la que se
dice más de lo que se muestra. Ese exceso de exponer de manera tan obvia es un
recurso fácil y no tan efectivo como cuando se resuelven los conflictos de
manera más visual o con escenas más originales. De esta manera, el realizador
no le ha sacado todo el partido a su historia.
El aclamado director peruano Salvador del Solar nos
ofrece una visión sobre los estigmas que puede crear la propia familia, el
autodescubrimiento y la lucha por encontrar el amor.
Es una historia concreta que no se anda por las ramas, enmarcada en un contexto
tan interesante como la crisis del COVID. Y quiero destacar este contexto,
porque desde que vivimos la pandemia, pocas ficciones se han atrevido a abordar
un momento tan relevante de la historia mundial, prefiriendo ignorar los hechos
para contar otras historias. En Ramón y Ramón funciona muy bien y aporta mucho
valor a los personajes. Espero que en un futuro cercano más realizadores tengan
la valentía de utilizar estos hechos y no silenciarlos, como si no hubieran
sucedido.