‘Ciento volando’: El gran homenaje a Eduardo Chillida

4’5 Butacas de 5

Ciento volando” el documental sobre Eduardo Chillida, creado como un homenaje en el centenario de su nacimiento, está a la altura de las obras de este gran escultor. Desde sus primeros minutos, Arantxa Aguirre, nos envuelve en una atmósfera sensorial que utiliza de manera magistral la fotografía, los paisajes y la música para transportarnos al mundo del escultor donostiarra. La cámara se desplaza lentamente sobre las montañas vascas, el mar Cantábrico y las calles de San Sebastián, lugares que fueron una fuente constante de inspiración para Chillida, y que aquí se convierten en parte fundamental de la narrativa. Estrenada ¿dónde si no? en el Festival de San Sebastián, en la sección Zinemira, lo que realza aún más la importancia de este homenaje audiovisual.

El uso de la imagen es uno de los grandes aciertos de este documental. Cada fotograma está cuidadosamente compuesto para evocar el peso y la textura de las obras de Chillida. Los paisajes naturales se intercalan con sus esculturas de hierro y hormigón, creando un paralelismo entre la naturaleza y la creación humana. La fotografía se convierte en una herramienta para transmitir las sensaciones táctiles de las esculturas, el peso del metal, la rugosidad de las superficies y el juego de sombras que Chillida siempre buscaba en su trabajo. Esto no solo es visualmente impactante, sino que te permite comprender de manera más profunda la conexión del escultor con su entorno.

Otro aspecto sobresaliente del documental es su riqueza sonora. El sonido del viento, el choque de las olas contra las rocas y los ecos de los espacios vacíos en el museo Chillida-Leku, ubicado en Hernani, son elementos que refuerzan la experiencia inmersiva.

A través de entrevistas con amigos, colaboradores y familiares, el documental traza una imagen íntima de Eduardo Chillida. Los testimonios revelan a un hombre humilde, profundamente enraizado en su tierra, en su cultura, pero sobre todo en su trabajo con una visión artística universal.

El documental también cuenta con el valioso recurso de los manuscritos de Chillida, que son presentados a lo largo de la película. A través de sus cartas y apuntes, podemos descubrir su filosofía del arte, sus reflexiones sobre la materia, el espacio, el tiempo, y su preocupación por la relación entre el hombre y la naturaleza. Estas palabras, escritas de puño y letra por el escultor, se convierten en una guía para interpretar su obra, dejando adentrarse en su mente y comprender el trasfondo de sus creaciones.

Además, nos lleva al museo Chillida-Leku, donde muchas de sus esculturas están expuestas al aire libre. El recorrido por este espacio, acompañado por la voz de aquellos que mejor conocieron al artista, es uno de los momentos más emotivos del documental. Aquí, la arquitectura del lugar, diseñada para dialogar con las obras de Chillida, juega un papel esencial. El museo no es solo un espacio de exhibición, sino un lugar donde las esculturas interactúan con el paisaje, creando un ambiente único que refleja la esencia del arte de Chillida.

“Ciento volando” es una celebración visual y auditiva de la vida y obra de Eduardo Chillida. No solo se limita a contar la historia de un gran escultor, es una experiencia sensorial que refleja la grandeza y profundidad de su arte. Un homenaje digno para uno de los grandes maestros del siglo XX, que, a través de sus esculturas, sigue dialogando con el espacio y el tiempo.

‘Los Últimos Románticos’: Fotogramas de soledad y nostalgia

3’5 Butacas de 5

Hay veces que inevitablemente una película te recuerda a otra; es el eco del cine. Una vibración que se dilata a lo largo de la historia. Directores y críticos no pueden evitar referenciar. En el caso de *Los últimos románticos*, me atrevo a hacer el ejercicio comparativo con el mejor cine dramático sobre un personaje que sirve para dar una tesis no sólo sobre una situación concreta, sino que permite señalar y generalizar un momento de conflictos no sólo personales, sino globales. Básicamente los protos de la filmografía de los hermanos Dardenne o las mejores obras de Fernando León de Aranoa.

La adaptación de la novela de Txani Rodríguez se centra única y exclusivamente en la mirada de Irune y su microcosmos personal. Una vida complicada que está tan habitual como andar hacia adelante. Son problemas del día a día: conflictos laborales, encontronazos con compañeros o vecinos y un posible problema médico de los gordos. Con todos estos elementos, estamos en un drama costumbrista con tintes de ensoñación que tiene puntos de crítica ácida y directa a muchos de los problemas como sociedad que tenemos en la actualidad en España.

A nivel iconográfico, la representación del concepto de ‘papel’ tiene muchas lecturas a diferentes niveles. Está su lugar de trabajo, que es una fábrica de papel con un tenso conflicto que incluye huelgas y despidos. Su sueño truncado de ser dibujante de cómics, lo que la convierte en una sombra de la persona que fue, le cuesta conectar con las personas y siempre está mejor sola y fabulando que en compañía. Y luego el papel que ella representa en su propia vida, con una negación total de la realidad con esas llamadas a un enamorado conceptual con figura de teleoperador de Renfe que el realizador se niega a dar una solución tangible.

Me parece muy interesante el número de subtramas que lleva la historia de forma paralela, todas con su cierto interés y que se van mezclando unas con otras. El espectador más tradicional se sentirá desencantado con la ambigüedad de algunas respuestas o el eco de preguntas sin resolver, pero para otro tipo de espectador estos ejercicios pueden ser muy estimulantes.

David Pérez Sañudo es un director interesante, ya lo demostró en “Ane” y aquí da buena muestra de sus habilidades. Gran trabajo con los actores, una buena factura técnica y ejercicios de montaje originales en una historia que está muy apegada a las personas de a pie, siendo poco original con sus tramas, pero con una actriz protagonista que está soberbia en cada plano.