‘Soy Nevenka’: la asfixia de la inocencia ante el infame abuso

3’5 Butacas de 5

Las estadísticas de abuso y acoso sexual no dejan de incrementar en los últimos años. La lacra del machismo, la deshumanización y sus monstruos sociales no solamente rasgan las vidas de mujeres en todo el mundo, rompen la inocencia de la esperanza en una sociedad en el que quien más poder tiene más respaldo encuentra por desgracia.

La historia de Nevenka Fernández no es un un relato más en un orbe de monstruos machistas. Fue el suceso en el que la joven concejal de Ponferrada logró la primera condena de la historia a un alcalde, Ismael Álvarez del Partido Popular, por acoso sexual.

Los hechos en la vida de Nevenka ocurrieron durante los años 1999 y 2000 en la localidad leonesa. Durante su etapa como concejal de Hacienda, la edil sufrió el acoso sexual de un alcalde que se mostraba impune ante los suyos, aterrorizando a diario tanto a Nevenka Fernández como a quien cuestionaba sus labores políticas.

En el año 2000, Nevenka Fernández se dio de baja por depresión además de denunciar a Ismael Álvarez, una denuncia que posteriormente acabó en un juicio en el que se sentenció al ex alcalde de Ponferrada a nueve meses de cárcel, una pena mínima para las atrocidades que llevó a cabo el edil sobre la joven.

Icíar Bollaín se pone detrás de las cámaras de ‘Soy Nevenka’, un relato que se clava en alma a través del dolor, el sufrimiento y la agonía de la inocencia ante el acoso. La película es el vivo retrato del abuso que sufrió la protagonista desde su llegada al Ayuntamiento de Ponferrada hasta la posterior sentencia de Ismael Álvarez.

Bollaín, al igual que hiciera en ‘Te doy mis Ojos’, demuestra una vez más no solamente el poder de la sensibilidad que ejecuta en sus proyectos, pone en liza el dolor al que están sometidas las víctimas de abusos, la inseguridad de sus vidas y cómo la sociedad sigue cuestionando a quienes sufren el dolor.

Mireia Oriol encarna el sufrimiento, la ternura, la dulzura y la agonía de una mujer que vio como sus ilusiones se vieron quebradas ante la monstruosidad de un ser absolutamente despreciable en sus acciones. La joven actriz está sublime. Pisa con fuerza en un papel protagonista de altura y con un registro que es elevado a través de sus miradas, gestos y el dolor psíquico que demuestra en el largometraje.

Urko Olazabal, a quien ya Bollaín presentó en ‘Maixabel’, se mete en la piel del alcalde Ismael Álvarez. Un devorador de almas que impone no solamente con su físico, escarba en una oscuridad humana que imprime fuerza al personaje. Los dos imponen en sus respectivas interpretaciones poniendo sobre la mesa sus credenciales en la carrera de premios porque son el alma de una historia en la que la sociedad se verá reflejada.

Desde el cuestionamiento a las víctimas en una sociedad machista, el poder sobre la inocencia y la falta de apoyo que persiste en muchos puntos, son algunos de los temas de una película que presenta el caso al completo.

‘Soy Nevenka’ nos hace partícipes a todos los integrantes de la sociedad a no dar la espalda ante la falta de moral y empatía que sigue existiendo. Un papel que incluso los medios de comunicación durante la época del caso demuestran su falta de humanidad y en la que las actitudes de algunos periodistas que aparecen en la película son retratados por su patético y humillante espíritu con la causa. Su sonrojo actual es justicia poética ante la desvergüenza que demostraron.

Una película que invita a la reflexión, a no callar ante las injusticias y a gritar basta ante quienes tratan de pisotear la esperanza de una inocencia llena de sueños e ilusiones.

Inspirada en el libro ‘Hay algo que no es como me dicen’ de Juan José Millás, publicado por Alfaguara, ‘Soy Nevenka’ está protagonizada por Mireia Oriol (‘El arte de volver’, ‘Alma’) y Urko Olazabal (Premio Goya al mejor actor de reparto por ‘Maixabel’). Los acompañan Ricardo Gómez (‘La ruta’), Carlos Serrano (‘La ley del mar’), Lucía Veiga (‘Rapa’), Mabel del Pozo (‘Los Farad’, ‘Cerdita’),  Luis Moreno (‘Vergüenza’), Javier Gálego (‘El desorden que dejas’), Mercedes del Castillo (‘Instinto’) y Font García (‘Vida Perfecta’, ‘En los márgenes’).

La directora de ‘Maixabel’ (tres premios Goya y la película dramática española más vista en las salas de cine en 2021) se inspira en el caso real de Nevenka Fernández, la concejala de Hacienda del Ayuntamiento de Ponferrada que consiguió, por primera vez en España, una condena a un político por acoso.

‘La luz que imaginamos’: Las diferentes etapas de lo femenino

4’5 Butacas de 5

El cine indio ha tenido muchas representaciones a lo largo de todos estos años, enmarcándose en diferentes géneros que han ayudado a contar historias desde diferentes puntos y perspectivas. En el cine de Bollywood nos encontramos con muchas historias (y mayormente protagonizadas por actores masculinos y normalmente héroes, incluso). Es por eso que encontrarnos con una cinta como La luz que imaginamos es todo un tesoro, un diamante en bruto que hay que disfrutar con todas sus reflexiones y personajes (femeninos, por fin).

La luz que imaginamos nos traslada al Bombay actual, donde su directora nos presenta a sus dos protagonistas: dos enfermeras  de un hospital de la ciudad con diferentes inquietudes y problemas. Prabha tiene que convivir con el abandono de su marido, mientras que Anu, su compañera de piso más joven, lo único en lo que piensa es en poder mantener relaciones sexuales con su novio, a escondidas de su compañera. Las realidades de ambos personajes se chocarán en un viaje a la costa que les ayudará a encontrarse y enfrentar las reglas de la sociedad.

Creo que lo primero que debemos apuntar de La luz que imaginamos es su brillantez y delicadeza, incluso contando unas historias femeninas que, en el contexto social establecido, podrían llegar a caer en lo trágico o lo desagradable. Payal Kapadia se encarga de darle muchísima luz a una narración que, a pesar de contar con una trama pausada, logra trasladarte a las realidades de estas mujeres. Kapadia consigue, a través de su trabajo en la dirección, un buen ritmo para la película, haciendo que sea de lo más llevadera para el espectador (aunque el público más devoto del blockbuster no vaya a caer ante ella).

Kapadia dirige con muy buen gusto, tanto a nivel técnico como artístico, con mucha delicadeza y verdad. La luz que imaginamos es una historia que enmarca diferentes momentos e instantes, provocando distintas reacciones en el espectador. El público se podrá reír, podrá respirar y podrá sorprenderse durante todo el metraje, variando momentos y haciendo que, como comentábamos anteriormente, el ritmo sea mucho más rápido y disfrutable.

Sin embargo, lo mejor que tiene La luz que imaginamos es su crítica social a los convencionalismos de la sociedad india ante la figura de la mujer, contraponiendo ambos personajes en una historia que habla por sí sola. Tanto Prabha como Anu son mujeres que, de una forma u otra, son víctimas de una sociedad extremadamente machista, que entiende la figura femenina como un mero accesorio del hombre, un pensamiento que tienen que ir dejando atrás las mismas protagonistas según avanza el metraje. La relación entre ambas hace que estos pensamientos se expresen, dejando profundas reflexiones y momentos de gran brillantez. Esto hace que la película ponga el broche de oro, emocionando al público en varios momentos de libertad y emotividad.

Finalmente, La luz que imaginamos es una de las películas fundamentales del año. Esto se debe en parte gracias a la dirección de Payal Kapadia, que logra crear una cinta luminosa y repleta de verdad (y accesible para la mayor parte del público); y a una historia que se encarga de poner los puntos sobre las íes a la sociedad india y su sistema patriarcal y machista, gracias a sus dos personajes protagonistas y su camino hacia encontrar la libertad y el amor que tanto añoran. Una de las cintas que más dará que hablar durante la temporada de premios.