‘La Guitarra Flamenca de Yerai Cortés’: El secreto mejor guardado

4 Butacas de 5

Antón Álvarez (musicalmente conocido como C. Tangana) es una figura indiscutible dentro del panorama artístico español. Canciones como Ingobernable, Tu me dejaste de querer o Demasiadas mujeres, incluidas todas en su disco El madrileño, son temas que han traspasado fronteras musicales dentro de nuestro país. Ahora, Antón Álvarez ha decidido dar el salto al cine, y se estrena dentro de la categoría de Nuevos directores del Festival de Cine de San Sebastián gracias a La guitarra flamenca de Yerai Cortés.

La guitarra flamenca de Yerai Cortés nos traslada a la vida de, efectivamente, Yerai Cortés, un joven guitarrista flamenco al que Antón Álvarez conoce de forma repentina. Su talento con la guitarra, su posición dentro del paisaje flamenco español (adorado tanto por tradicionales como por modernos), y su historia familiar hace que el director esté deseando entrar de lleno en su vida. A través de números musicales y testimonios de la familia y allegados de Yerai, el espectador va descubriendo los secretos que esconde la familia y, sobre todo, la verdad detrás de la vida de uno de los guitarristas más prometedores del flamenco actual.

Creo que Álvarez transmite perfectamente la historia familiar de Yerai en este documental. Al estar basado completamente en una historia real, con personas (o personajes) reales, el director consigue que el espectador entre de lleno en la narración. Todos y cada uno de los protagonistas que aparecen en la película aportan a la historia, tanto a nivel narrativo para conocer más sobre Yerai como a nivel de entretenimiento para el espectador.

Y es que lo mejor que tiene La guitarra flamenca de Yerai Cortés es, efectivamente, lo mejor que tiene el flamenco: la pasión. Es un documental que derrocha pasión por el arte y por la música en todas sus escenas, incluso en las más dramáticas. Antón Álvarez sabe perfectamente cómo transmitir ese derroche de pasión flamenca y conseguir que llegue incluso a ese espectador no aficionado a este género musical. Todo esto se logra, además de con una historia rica en momentos y anécdotas, gracias a magníficas escenas de flamenco, llenas de música, emoción y, como hemos comentado, pasión. Puede suceder que algunos espectadores, no tan familiarizados con este género, no logren conectar con la historia, y puede que eso sea su gran talón de Aquiles. Sin embargo, creo que logra superar ese obstáculo con creces.

El músico anteriormente conocido como C. Tangana logra destacar en la dirección de su ópera prima. Más allá de los momentos musicales que hemos comentado (y dirigidos con mucho gusto estético, todo hay que decirlo), La guitarra flamenca de Yerai Cortés sabe cómo fusionar el factor más dramático de sí misma, que radica en la historia familiar del guitarrista y ese secreto que ha carcomido por dentro a los protagonistas; con la comedia y las líneas más desternillantes de la película, centradas principalmente tanto en el padre como en la madre de Yerai Cortés. Un documental que logra tanto hacerte llorar como soltar carcajadas.

Finalmente, lo único que puedo decir de La guitarra flamenca de Yerai Cortés es que termina resultando una gran ópera prima para Antón Álvarez, rodada con mucho gusto estético, mucha comedia y mucho drama, al mismo tiempo que realiza un retrato emocionante y certero tanto del flamenco como de la comunidad gitana, aprovechando para realizar incluso una crítica social. Uno de los grandes títulos españoles del año y un imprescindible para cualquier fanático del flamenco.

‘Emilia Pérez’: el musical más asombroso y original del año

4 Butacas de 5

El próximo viernes 5 de diciembre se estrena en cines Emilia Pérez(2024), la nueva película de Jacques Audiard (El profeta, Hermanos Sisters). Una cinta polémica desde su estreno en el Festival de Cannes, por su incisivo argumento y condición musical, que maravilla por alocada aun caminando constantemente al borde de la delgada línea del ridículo.

Rita (Zoe Saldaña), una abogada menospreciada, recibe un día la extraña oferta de ayudar a uno de los mayores narcos del cartel mexicano a convertirse en la mujer que siempre quiso ser dejando atrás de esta forma su vida delictiva y a su familia.

El argumento de Emilia Pérez resulta tan intrigante que funciona como reclamo principal del filme obviando por un momento a su director y reparto. Una disparatada historia propia de Almodóvar que aún va un paso más allá transitando el género musical. A priori parecía que todo podía salir extremadamente mal teniendo en cuenta este cóctel de factores. No obstante, la frescura y creatividad de Audiard levantan la película de una manera asombrosa.

Es innegable el desconcierto durante los primeros minutos —quizá más—, resulta complicado entrar en la dinámica de la película, pero esa sensación transmuta poco a poco en admiración por tan lúcida forma de expresión cinematográfica. Una divertidísima historia con números musicales de toda clase en los momentos más inesperados, que camina al borde del ridículo sin miedo a poder caer en él; lo hace en alguna ocasión.

La evolución que va tomando el personaje de Emilia Pérez (¡tres hurras por la maravillosa interpretación de Karla Sofía Gascón!) lo aleja cada vez más de su violenta vida anterior, pues encuentra en la caridad una vía para la redención, aunque termine por revenirse de alguna manera manifestando la complejidad de deshacerse del pasado. Todo un culebrón almodovariano que se recrea en su naturaleza sin prescindir de una intención narrativa.

Bajo esta superficie de puro divertimento bizarro subyace una reflexión interesante sobre la identidad —y cómo, por mucho que algunos no lo quieran aceptar, va más allá del mero capricho— y un tratamiento social a cerca de las desapariciones en México y los daños de la delincuencia. Temas reales y serios que podrían escaparse bajo la artificiosa y lúdica apariencia del filme.

La nueva película de Jacques Audiard es, en definitiva, la estocada final al espectador más rancio, aterrado por un cine posmoderno que se permite argumentos locos, fusiones de géneros, diversidad sexual y valentía ante el ridículo. Una película admirable, gozable y sobre todo tremendamente divertida.