‘Juega o muere’: un slasher para unir los puntos

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En la industria del cine es bien sabido que no hay fórmulas. La taquilla es un desierto árido, infinito y mayoritariamente inexplorado. Al no haber fórmulas de éxito, tampoco debería haberlas para hacer películas. O al menos nadie debería seguir ningún cuadernillo para crear una película. No es original y lo único que se consigue es que el público vea venir a leguas la propuesta y se acabe desesperando. Juega o muere es un slasher de manual, una cinta vaga y con muy pocas luces.

Un grupo de adolescentes de Salem descubre una daga maldita que libera a un demonio que los fuerza a jugar a versiones crueles y sangrientas de los típicos juegos infantiles: no habrá ganadores, solo supervivientes. Esta premisa la podría haber escrito una inteligencia artificial. Trata de ser impactante y original cuando lo que esconde el guion es un montón de lugares comunes y unos personajes vacíos.

Si algo se podría salvar de la propuesta son las personas que dan la cara ante el público. Sus dos protagonistas: Natalia Dyer y Asa Butterfield bajan al barro y levantan algo que se encuentra soterrado a varios miles de metros de profundidad.

El problema es que, pese a cumplir a rajatabla los mandamientos de los slasher/cine de posesiones, es capaz de hacerlo todo mal. Estereotipos con patas mal construidos, asesinatos mediocres y poco originales y una voluntad por molestar al espectador con efectos de sonido demasiado altos.

Poco más hay que decir de una propuesta tan pobre. Su duración es lo único que la salva, parece un capítulo largo de alguna serie de Netflix que bajo ningún concepto debería pisar los cines. Juega o muere es una película que podrían disfrutar los más jóvenes reunidos en una casa en las vísperas de Halloween. Y ya. No hay más.

‘Osario Norte’: el abismo de los recuerdos

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Rememorar momentos de nuestra vida es uno de los mayores placeres que se pueden sentir. Echar la vista hacia atrás para recordar aquellas tardes de juegos entre amigos, disfrutar de las primeras páginas de El Pirata Garrapata y suspirar de alegría cuando descubriste por primera vez aquella película que tanto te emocionó. Son eventos de una vida pasada que en muchas ocasiones queremos volver a sentir pero que por diferentes circunstancias de nuestro día a día somos incapaces de volver a sentirlos.

En ocasiones requerimos de una brújula personal que permita a las agujas de nuestro reloj temporal viajar atrás en el tiempo para coger impulso en el presente. Un planteamiento que puede incluso convertirse en una apasionante historia de misterio en la que el amor por el cine puede ser uno de los grandes protagonistas.

‘Osario Norte’ es una de las brújulas del alma de José Manuel Serrano Cueto. El gaditano regresa con una película documental en la que aborda el rescate a nuestra memoria del actor Jorge Rigaud (‘San Valentín, el día de los enamorados’) un intérprete de gran fama tanto en Francia como en España gracias a su extensa filmografía.

Rigaud fue un actor de renombre que trabajó en más de doscientas películas francesas y españolas. Debutó en el celuloide en ‘Fantomas’ (1931) y posteriormente comenzó su incursión en otras industrias como la alemana, argentina e incluso Hollywood. Ganó su mayor popularidad gracias a su carismático San Valentín, un rol que encarnó en dos ocasiones en las películas de Fernando Palacios ‘El Día de los Enamorados’ y ‘Vuelve San Valentín’

Fue precisamente en nuestro país donde falleció en unas condiciones tristisimas siendo enterrado en una fosa común del cementerio parroquial de San Salvador en Leganés.

Han sido diez años de ardua investigación los que ha invertido el realizador andaluz para abordar un meticuloso trabajo que golpea el alma por el dolor que sufrimos los seres humanos cuando olvidamos aquellos recuerdos que nos hicieron felices en su día. Un documental que pone de manifiesto la fragilidad de nuestra memoria, las alabanzas a las grandes figuras y que posteriormente abandonamos en un reducto de los recuerdos.

Serrano Cueto se las ingenia para convertir el relato en un homenaje al cine de investigación con pinceladas dramáticas, testimonios y un mensaje claro: la fugacidad del éxito y la fragilidad de los recuerdos humanos.

Producida por JRivera Producciones (Jorge Rivera), José Manuel Serrano Cueto se ha rodeado de intérpretes como Pedro Casablanc, Paca Gabaldón, Lone Fleming, Víctor Clavijo o Juan Pando entre muchos otros.

Un trabajo documental que aborda el abismo del olvido y que permite escarbar en el alma de nuestros recuerdos a través de la emoción y el amor al cine.