‘Sidonie en Japón’: Un nuevo comienzo

3 Butacas de 5

La directora francesa Élise Girard dirige Sidonie en Japón una preciosa comedia romántica minimalista protagonizada por Isabelle Huppert sobre la superación del duelo y el amor en la vejez.

La escritora francesa Sidonie Perceval (Isabelle Huppert) viaja a Japón por el relanzamiento de su primera obra en el país. Allí conoce, por fin, a su editor Kenzo (Tsuyoshi Ihara) quien se deshace en atenciones, pero Sidonie se siente perdida sin rumbo y ahora también, totalmente como pez fuera del agua. Todo le suena familiar, pero al tiempo es desconocido y se suman algunos divertidos choques culturales y la dificultad del idioma. Las cosas no mejoran cuando empieza a visitarla el fantasma de su marido fallecido años atrás. Según la cultura japonesa, los muertos viven entre los vivos como fantasmas en Japón y algunas personas pueden verlos y hablar con ellos.

Con una estética minimalista y un rimo pausado la película es visual y musicalmente preciosa. Nos muestra paisajes japoneses de ensueño como jardines, templos, u hoteles mientras la protagonista de la película recorre Kyotopor entre firmas y presentaciones de libro que le ha preparado su editor. Mientras viajan, poco a poco Sidonie irá teniendo más confianza e irá hablándole de su vida a Kenzo y él también hará lo mismo. La película es un viaje de superación para Sidonie porque hay cosas de su pasado no resueltas que hacen que lleve años sin poder escribir nada. Al mismo tiempo, ella y su editor se sienten atraídos mutuamente conforme van pasado los días.  

Los dos actores están perfectos en sus personajes que irán pasando de la contención a la liberación a medida que avanza la historia.

‘El teorema de Marguerite’: no volver a clase después de vacaciones

3 Butacas de 5

«Las matemáticas no pueden verse afectadas por las emociones», dice el profesor de Marguerite.

Científicos incomprendidos hay muchos. Alan Turing en The Imitation Game o Sheldon Lee Cooper en The Big Bang Theory, por citar un par. Pero imagina que estos dos salen de fiesta una noche y, a la mañana siguiente, tiran la calculadora por la ventana y abandonan el laboratorio. Pues ahí, más o menos, es donde nos coloca Marguerite, interpretada por Ella Rumpf, que encarna a una mujer con una mente matemática increíble, pero con una vida social algo limitada. Marguerite es la mejor alumna de la facultad, probablemente, aunque sus profesores la traten de lunática y sus compañeros la llamen inmadura o friki. Es un pez fuera del agua, y un día, decide marcharse.

Rumpf se adueña del personaje. Transmite esa mezcla de gran intelecto y torpeza social a la perfección. No es un genio inalcanzable, sino alguien con tantos problemas como cualquier mortal. De hecho, puede que algunos más.

La dirección de Anne Novion es sobria y algo limitada. Hay un potencial visual implícito que grita “¡estoy aquí!”, pero nadie le hace caso. La narrativa avanza lentamente al principio, pero acelera al cabo de la media hora. Esa es la buena noticia. La mala es que nunca llega a monoplaza, se queda más bien en patinete eléctrico.

La banda sonora cumple su función como hilo musical sin destacar. Uno de los personajes principales es músico, pero es como tener un tío en Alcalá. La peli quiere ir de matemáticas, y por eso, supongo, se va con la música a otra parte.

Y sin embargo, la historia de Marguerite tiene su encanto. Compararla con Alan Turing o Sheldon Cooper no es casualidad. Pocas veces vemos a mujeres liderando narrativas que combinan ciencia y excentricidad, ya sean reales o ficticias. Marguerite se convierte en una especie de científica bohemia, entre las matemáticas y la vida nocturna, lo racional y lo emocional. Solo por eso, la peli vale la pena. Es un soplo de aire fresco, y Ella Rumpf la interpreta con una chispa que levanta el conjunto.

El teorema de Marguerite sale bien parada gracias a un personaje-suflé que crece cuando la situación está a punto de quedarse fría. Aborda el clásico conflicto entre mentes lógicas y personalidades asociales que tantos premios ha repartido. Y nos enseña que nunca es tarde para dejar los estudios y mudarse encima de un restaurante chino.

En resumen, si te gustan los personajes brillantes pero socialmente torpes –toc, toc, ¿Penny?–, puede que encuentres algo en esta peli que te haga sentir como en casa.