‘Minions & Monsters’: una entrega tan divertida como las anteriores

3 Butacas de 5

Los personajes amarillos favoritos de los más pequeños de la casa vuelven a la gran pantalla con una película llena de caos y diversión, manteniendo la esencia que asegura un rato más que agradable para toda la familia. Dirigida por Pierre Coffin y guionizada por Brian Lynch los Minions vuelven a demostrar que les sobra carisma y risas para llevar el timón de sus películas en solitario.

Minions and Monsters demuestra que la saga todavía tiene ideas con las que sorprender. En lugar de seguir la clásica fórmula de héroes contra un gran villano, la película apuesta por una estructura diferente: los minions simplemente se lanzan de cabeza a una sucesión de aventuras tan caóticas como divertidas. De hecho, la amenaza principal no se revela hasta el tramo final, lo que hace que la historia se sienta menos predecible y más centrada en disfrutar del viaje que del destino.

Pero donde realmente brilla la película es en su enorme amor por el cine. Más que una simple aventura animada, funciona como un auténtico homenaje a la historia del séptimo arte. Cada escena parece esconder un guiño, una referencia o un pequeño tributo a películas clásicas, de modo que los espectadores más cinéfilos encontrarán detalles prácticamente a cada minuto. Al mismo tiempo, quienes no reconozcan esas referencias seguirán disfrutando de una historia entretenida, llena de humor visual y situaciones disparatadas.

Ese equilibrio es uno de sus mayores aciertos. Los más pequeños encontrarán una película divertida y fácil de seguir, mientras que los adultos —especialmente los amantes del cine clásico— tendrán un motivo extra para mantenerse atentos a la pantalla. Es una de esas producciones que consiguen funcionar en distintos niveles sin perder su identidad.

En definitiva, Minions and Monsters no reinventa la animación, pero sí ofrece una propuesta fresca dentro de la franquicia. Su apuesta por dejar a un lado el enfrentamiento tradicional entre buenos y malos, junto con su constante celebración de la historia del cine, la convierten en una película muy disfrutable para toda la familia y en un pequeño regalo para cualquier aficionado al séptimo arte.

Mayores y pequeños podrán disfrutar de esta cinta el 1 de julio en cines.

‘La muerte de Robin Hood’: un cuento humanista sobre la redención

4 Butacas de 5

A través de sus películas, Michael Sarnoski nos atraviesa a través de una mirada profundamente reflexiva con respecto a la naturaleza del ser humano. Da igual si se trata de un marginado con su cerdo, del primer día del fin del mundo o de la leyenda de Robin Hood, el director norteamericano se las apaña para, dentro de unos márgenes formales muy cuidados, poner al espectador delante de un espejo empañado.

Robin Hood (Hugh Jackman) intenta lidiar con sus demonios tras una larga vida de crímenes y asesinatos. Cuando en una sangrienta batalla resulta herido de gravedad, es enviado a un misterioso castillo para que curen sus heridas. Allí conocerá a una mujer y un espacio únicos que le ofrecerán una última oportunidad de redención.

En La muerte de Robin Hood Sarnoski imprime, como en sus anteriores trabajos, una mirada profundamente humanista. El relato es narrado por una voz reflexiva que, con una belleza y una crudeza únicas, describen a la perfección la naturaleza de nosotros mismos y de aquello con lo que convivimos. El corazón de este relato no ahonda en las hazañas de un héroe en el ocaso de su vida; en esta historia, Robin Hood es un pobre desgraciado que ha dedicado su vida al vandalismo y al crimen. Ahora, agotado y perseguido por los fantasmas del pasado, camina con la voluntad de dar con el final de su vida. Lo que no se esperaba era que su pobre situación lo colocase frente a sus peores demonios, ofreciéndole una oportunidad de redención única.

La película posee una belleza formal única. A través de esta desdichada travesía, Sarnoski vuelve de nuevo a sobre el imposible interrogante de qué es aquello que nos convierte en seres humanos y nos separa de las bestias salvajes. La película busca con ahínco un equilibrio que parece rodearlo todo, sin embargo, se presenta incomprensible. En La muerte de Robin Hood no hay épica; este es un relato descarnado sobre la penitencia de una persona que debe redimirse antes de abandonar ese mundo.

La naturaleza se abre paso en una película reposada que reflexiona sobre las contradicciones de una existencia que es capaz de lo mejor y lo peor. La belleza de sus imágenes contrasta con la crudeza de algunas de sus secuencias de apertura. La muerte de Robin Hood es un nuevo canto a la esperanza sin olvidar las penurias de un mundo injusto. Una película bella y algo reiterativa que envuelve las heridas de un héroe que no se reconoce en las leyendas que el mismo ha protagonizado.