Tony Aguilar articulará con su voz los circuítos vocales de Alpha Trion

En esta nueva entrega de Transformers, presentamos al personaje de Alpha Trion, su doblaje original en ingles ha corrido a cargo del actor Laurence Fishburne y para su adaptación en nuestro país se ha elegido a una de las voces más conocidas y respetadas del panorama nacional, Tony Aguilar (Cornellá de Llobregat, 1973). Con más de 30 años de carrera en la radio musical líder del país, Los40, ha creado y presentado formatos de éxito como Anda ya o La Ruta del Aguilar. Ha sido la voz de programas míticos como Fan Club y sobre todo Del 40 al 1 que sigue dirigiendo y presentando.

En televisión ha presentado varios programas y actualmente, desde hace 7 años, es la voz que comenta el festival de Eurovisión. Presentador de LOS40 MUSIC AWARDS y tiene en su palmarés premios tan importantes como el PREMIO ONDAS y LA ANTENA DE ORO.

SINOPSIS:

TRANSFORMERS ONE es la historia jamás contada del origen de Optimus Prime y Megatron y de cómo pasaron de ser hermanos de armas que cambiaron el destino de Cybertron para siempre, a convertirse en enemigos acérrimos. La primera película de Transformers animada totalmente por CGI, cuenta con un reparto de voces repleto de estrellas, como Chris Hemsworth, Brian Tyree Henry, Scarlett Johansson, Keegan-Michael Key, Steve Buscemi, con Laurence Fishburne y Jon Hamm.

‘El concurso de piano’: entre la pubertad de ‘Crepúsculo’ y los rulos de Mozart

2’5 Butacas de 5

The Chapel, directed by Dominique Deruddere for Savage Film

El concurso de piano es la sinfonía de una obsesión, de un delirio colectivo que gira en torno a un premio. La película tiene una premisa fascinante: durante siete días, un grupo de los mejores jóvenes pianistas, desconocidos entre sí, conviven en una casa aislada del mundo exterior, sin tele, radio ni móvil, para ensayar una partitura que no conocían hasta su llegada. En la mansión hay una sala común donde pueden leer, jugar al billar o al ajedrez, comer o conversar. Si lo prefieren, pueden aislarse del resto del grupo y practicar todo el día… o la noche, porque las habitaciones están insonorizadas. En la casa surgen amistades, envidias, rivalidades. Todo ello se basa en un concurso que sí, existe: el Certamen Internacional de Música Reina Isabel de Bélgica.

The Chapel, directed by Dominique Deruddere for Savage Film

La mezcla que propone El concurso de piano es poco convencional. La película fusiona elementos juveniles y modernos con otros más refinados y clásicos, en un contraste que sorprende por lo estridente. Evoca la pubertad de Crepúsculo, con aspirantes en plena adolescencia tardía, pavoneándose por los pasillos como los pianistas extraordinarios que son, diciendo cosas como “con tres años compuse mi primera canción”, “mi piano tiene dos colas” o “Beethoven se me apareció en sueños, ¿a ti no?” (bueno, no dijeron esas frases exactamente, pero estoy seguro de haber oído algunas muy parecidas durante la película). Estos personajes resultan tan rimbombantes que no podemos dejar de mirarlos. Tienen la virtud de lo estrafalario, de lo social, moral y hasta políticamente incorrecto.

The Chapel, directed by Dominique Deruddere for Savage Film

Lo adolescente se combina con el mundo de la música clásica, con la elegancia y sofisticación de una peluca con muchos rulos. Esta fusión de estilos puede parecer extraña a primera vista, pero a medida que avanza la trama, se revela como algo potencialmente icónico. Podría, sin duda, convertirse en una nueva saga. Sin embargo, siento que El concurso de piano se toma a sí misma demasiado en serio. La película juega en ese espacio liminal entre el viejo clasicismo europeo y las series de instituto de Netflix. Un enfoque juguetón que se pierde en el ahínco por ser, ante cualquier circunstancia, súper melodramática.

The Chapel, directed by Dominique Deruddere for Savage Film

No es TÁR, ni Whiplash, ni Crepúsculo, aunque se le parezca. Lejos de explotar las propias dinámicas que plantea, acaba centrando su esfuerzo en construir a una protagonista aislada de sus compañeros, de un amor de campamento, e incluso del concurso al que se ha presentado, por las heridas de un pasado que la atormenta. Y en ese pasado, lejos del concurso y de la mansión, instalado en el flashback, transcurre El concurso de piano. Es tan grande su afán, que la película construye un genial clímax musical –como lo hacen Whiplash o TÁR–, pero renuncia a acabar en su punto más alto en favor de un descenso melancólico que nada tiene que ver con la música ni con el concurso.

Al final, la película es una reflexión sobre la búsqueda de la excelencia y el precio de la obsesión en un universo que, paradójicamente, renuncia a su propio potencial. Aspiraciones desbordadas –las de la película– y personajes exuberantes que ofrecen un retrato de jóvenes prodigios atrapados en la música clásica. Pero, en su intento por contar dos historias, sacrifica la oportunidad de convertirse en una obra transgresora. En lugar de ser una sinfonía bien afinada, El concurso de piano termina siendo una cacofonía imperfecta, un recordatorio de que, a veces, es el mismo exceso de ambición lo que nos impide alcanzar el éxito.