Clara Galle y Álvaro Cervantes encabezan el reparto que cuenta con Pablo Gómez-Pando, Karra Elejalde, María Pujalte y Josean Bengoetxea, entre otros
Basada en la idea original de Natxo López, la serie está escrita por Natxo López, Marina Parés y David Pérez Sañudo, quien también dirige los seis episodios
Sanfermines 1997. Un cadáver sin identificar aparece a los pies de las murallas. Las autoridades lo despachan como el típico accidente en fiestas, pero Amaia (Clara Galle), una joven policía municipal, cree que se trata de un asesinato. Desoyendo a sus superiores, involucra a Julio (Álvaro Cervantes), un policía nacional de homicidios que acaba de regresar a Pamplona. Amaia y Julio provienen de entornos diferentes –ella, ‘munipa’ y euskaldún; él, inspector de ‘familia bien’– pero colaboran para investigar un caso con múltiples ramificaciones, en una ciudad dividida donde la vorágine festiva convive con la sombra del terrorismo el año en que todo cambió tras el secuestro del concejal Miguel Ángel Blanco
Buendía Estudios Bizkaia ha iniciado la producción de «Iruña 97», un thriller policíaco de 6 episodios que parte de la idea original de Natxo López (‘Perdida’, ‘Entrevías’), coescrito con Marina Parés y David Pérez Sañudo (ambos, Premio Goya a Mejor Guion Adaptado por ‘Ane’). La serie cuenta con la participación de Movistar Plus, que la estrenará en exclusiva y liderará la distribución internacional.
Tomás Silberman y Pepe Ripoll firman la producción ejecutiva mientras que López y Pérez Sañudo son los productores ejecutivos creativos.
Clara Galle y Álvaro Cervantes encabezan un amplio reparto que incluye a Pablo Gómez-Pando, Karra Elejalde, María Pujalte, Patxi Freytez, Josu Iriarte, Josean Bengoetxea, Itsaso Arana, Fernando Albizu, Ainhoa Santamaría, Miriam Rubio y Paula Usero, entre otros.
Dirigida por David Pérez Sañudo, la serie comenzará su rodaje en Pamplona el 7 de julio. Después de este primer tramo de grabación en las fiestas de San Fermín, la producción continuará en Vizcaya y Pamplona a lo largo de 15 semanas.
Obsession ha dado mucho que hablar… y no es para menos. Tras su paso por el Festival de Sitges, donde obtuvo el Premio del Público y el Premio Especial del Jurado, el film ha estado aparcado para estrenarse quizá en el mejor momento posible. Y es que esta película, cuyo presupuesto ha sido inferior a un millón de dólares y que supone el debut de Curry Barker en el cine (que no en YouTube, ojo), ha sido uno de los éxitos sorpresa de taquilla más impredecibles y más rotundos que se hayan visto en mucho tiempo, pues quizá desde El proyecto de la bruja de Blair no se había vivido nada semejante en cuestión de presupuesto y recaudación. Una vez vista, solo puedo decir que me alegro enormemente del éxito que está obteniendo, pues ofrece una cinta de terror de lo más notable, especialmente si tenemos en cuenta los limitados medios con los que ha contado.
Después de romper el misterioso «One Wish Willow» para conquistar el corazón de la chica que le gusta, un joven romántico consigue exactamente lo que deseaba, pero pronto descubre que algunos deseos tienen un precio oscuro y siniestro.
Obsession consigue algo muy difícil: conectar con el espectador a través de una mezcolanza de géneros, en especial el terror y la comedia, a los que les sienta de fábula, manteniendo un equilibrio entre ambos que funciona a las mil maravillas. Es un film plagado de momentos de gran impacto terrorífico, pero que además vienen reforzados por un humor negro brutal que hace que la película sea incluso más rotunda.
Porque, precisamente, el subtexto del film, el de las relaciones tóxicas, está manejado a la perfección. Y lo hace sin restregártelo en la cara, dejando que el relato fluya y que el espectador saque sus propias conclusiones sobre los actos poco éticos de su principal protagonista. Y es aquí donde lanza también un dardo hacia esa masculinidad tóxica escondida, que no se ve pero se siente, respecto al egoísmo y al narcisismo que albergan este tipo de personalidades tóxicas. Es algo que el espectador entiende desde un primer momento sin que el film lance discursos innecesarios o simplistas sobre el tema, dejando un poso de cinismo atroz que, desde luego, puede dar mucho de qué hablar, pues, al fin y al cabo, quien comete semejantes actos es su protagonista principal.
La puesta en escena de Curry Barker, que elige el formato 1.50:1 (similar al 4:3) para hacerla más agobiante, poco a poco va desmelenándose y tomando decisiones maravillosas que no hacen sino beneficiar al film. Ahí tenemos una fotografía bastante apagada que aprovecha la luz de una manera sencilla pero brillante a la hora de crear la máxima inquietud, con escenas que provocan auténticos escalofríos (posee un homenaje al film japonés Kairo) y aprovechando el encuadre y los pocos escenarios de los que dispone para generar angustia y agonía en un relato que poco a poco va creciendo.
Mención especial merece también el uso del sonido y de la banda sonora, brillante en ambos casos, creando enormes contrastes acordes con la «locura» de su protagonista y generando momentos de gran impacto que, a la vez, funcionan por momentos como contraste cómico. Algo muy loable y bastante conseguido dentro del film para alcanzar esa tonalidad tan característica de la película.
Pero, claro… toda la película, y digo prácticamente toda, está al servicio de Inde Navarrete. Ya la conocía por la serie Superman & Lois, pero no esperaba en absoluto la salvajada interpretativa que realiza aquí. Ella es la película, y la tonalidad del film la marca su interpretación, en un tour de force impresionante con el que consigue pasar del puro terror a la auténtica comedia (esa fiesta…) desmelenándose hasta el infinito y más allá sin que el personaje se le vaya de las manos ni un solo instante, incluso en sus momentos más dramáticos. Desde luego, ha conseguido crear uno de los personajes del año y, sin duda, con el tiempo se convertirá en un referente dentro del género de terror.
Es cierto que durante su primera mitad quizá me estaba pareciendo algo convencional, sin ofrecer demasiado más allá de lo que prometía su premisa, pero afortunadamente el film consigue encontrar su tono en un difícil equilibrio que es, precisamente, el secreto de su éxito. También hay que decir una cosa: tampoco es la segunda venida de Cristo, ni mucho menos, pero hasta los propios creadores son conscientes del producto que tienen entre manos, de ahí su honestidad y contundencia.
Por tanto, ¿Obsession merece un éxito semejante? Sinceramente, sí, sobre todo porque demuestra que no hacen falta grandes presupuestos para realizar películas tan contundentes. Es la demostración perfecta de que con muy poco se pueden conseguir muchas cosas. Y más cuando proviene de una idea original (aunque trate un tema ya algo manido) y no de una secuela, una franquicia o una adaptación. Por eso me alegro tanto del éxito que está cosechando, pues sigue demostrando que el cine de terror continúa muy vivo y lleno de ideas que, aunque partan de conceptos ya vistos, pueden ofrecer nuevas perspectivas y enfoques. Y precisamente eso es lo que hace de Obsession una película tan especial y tan notable.