‘El Caso Asunta’: la vil demolición del amor

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EL CASO ASUNTA (L to R) Tristán Ulloa as Alfonso, Iris Wu as Asunta, Candela Peña as Rosario in episode 01 of EL CASO ASUNTA. Cr. MANUEL FERNANDEZ-VALDES/NETFLIX © 2023

El 21 de septiembre de 2013 observábamos en las noticias la desaparición de Asunta Basterra Porto, una niña que fue encontrada sin vida al día siguiente en una pista forestal de Teo (Galicia). Sus padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra, denunciaron la desaparición durante la tarde del día anterior. Aquello solamente fue el comienzo de un recorrido que dejó en completo shock a la sociedad española.

Fan Yong era el nombre original de la pequeña Asunta quien fue adoptada por sus padres Rosario Porto y Alfonso Basterra, un matrimonio aparentemente idílico pero que con el tiempo y las correspondientes pruebas judiciales ha quedado desmontado.

El 24 de septiembre Rosario Porto fue detenida como presunta homicida de su hija. Al día siguiente Alfonso Basterra fue también puesto a disposición de la Guardia Civil por su presunta implicación. Lo que vino después fue el desencadenante del denominado Caso Asunta, uno de los sucesos más demoledores en el que unos padres fueron condenados por asesinar a su hija adoptiva.

A raíz de aquel caso han sido numerosos los reportajes de investigación que se han llevado a cabo siendo ‘El Caso Asunta: Operación Nenufar’ el mejor de todos a nivel documental realizado por Ramón Campos y Elías León. Años después de aquella miniserie documental llega en formato de ficción ‘El Caso Asunta’ producido por Bambú Producciones y protagonizada por Candela Peña y Tristán Ulloa.

‘El Caso Asunta’ es completamente demoledora. Es el descenso a los infiernos de lo que presuntamente era una familia normal para demostrar al espectador el narcisismo, manipulación familiar y del amor que existe en los senos familiares llevando a provocar la muerte a la inocencia.

EL CASO ASUNTA (L to R) TRISTáN ULLOA as ALFONSO in episode 06 of EL CASO ASUNTA. Cr. MANUEL FERNANDEZasVALDES/NETFLIX © 2023

Unas cuerdas encontradas en la propiedad de la madre semejantes a las empleadas para atar el cadáver de la menor, la presencia del medicamento ansiolítico lorazepam en cantidades tóxicas en la sangre de la niña además del ordenador portátil y el segundo teléfono móvil del padre que desaparecieron al iniciarse la investigación, pero alguien los colocó en su piso más tarde, después de manipular el disco duro. Tres pruebas que fueron fatídicas y que desmontaron por completo las coartadas de los padres.

Candela Peña es Rosario Porto, madre de la niña que borda a la perfección la representación de la ansiedad, la locura y la caída al hoyo más profundo de la devastación del ser humano. Es Tristán Ulloa quien en mi modesta opinión roba al completo cada escena ejerciendo una interpretación perfecta de la manipulación y la soberbia. Estamos sin duda ante una de las ficción con mejores interpretaciones del año.

La realización es absoluta minuciosa, medida de manera milimétrica en cada uno de los aspectos reales del caso y con el que el espectador podrá descubrir verdaderamente lo que pasó. No deja puntada sin hilo ninguno de sus capítulos, y que están formados por un elenco de estrellas entre los que destacan Javier Gutiérrez, metiéndose en la piel del implacable juez que ejerció la investigación junto a María León y Carlos Blanco metiéndose en la piel de los dos Guardias Civiles que investigaron el caso.

EL CASO ASUNTA (L to R) Candela Peña as Rosario, María León as Cruces in episode 02 of EL CASO ASUNTA. Cr. JAIME OLMEDO/NETFLIX © 2023

El parecido físico de Candela Peña es absolutamente desconcertante, demoledor y espectacular. Rosario Porto, una mujer constantemente medicada debido a su depresión y en la que los gestos de la actriz, movimientos y voz la elevan sin duda a la interpretación del año.

Seis episodios de 50 minutos que llegan a Netflix para poner sobre la mesa cada una de las pruebas que demuestran el asesinato cruel de unos padres hacia su hija. Una ficción que pone los pelos de punta manteniendo al espectador pegado a la butaca con una puesta en escena impecable a todos los niveles.

‘The Palace’: Polanski haciendo de Östlund

3 Butacas de 5

Roman Polanski es un maestro del cine. Eso está claro. Aunque me podéis llevar la contraria. Si no ha creado escuela como otros cineastas es porque es tan ecléctico y personal que no da pie a imitación. Es un director único y su obra ha pasado por diferentes etapas. La primera considerada iniciática, la segunda de asentamiento en Hollywood y la actual en lo que podríamos llamar autoexilio.

Sin ninguna duda, su filmografía pesa, y si algunos críticos coinciden en que ya ha perdido el punch de antaño, yo no estoy tan seguro, ya que en su etapa final tiene grandes propuestas como “Un dios salvaje”, “El escritor” o «El oficial y el espía». Sin embargo, si piensas en su carrera y te enfrentas a “The Palace«, puedes llegar a decepcionarte gravemente si no entiendes su significado y su razón de ser. A pesar de esto, es una película irregular, pero con algunos elementos de magia del director de “El pianista».

The Palace» se sitúa en un hotel lujoso en Suiza que haría palidecer a los huéspedes de “El gran hotel Budapest» de Wes Anderson. Si bien ambos tienen elementos de magia y comedia ácida que sirven como crítica (además de compartir a Alexandre Desplat), no es el creador de “Los Tenenbaums” quien ha llevado este género al extremo, sino el sueco Ruben Östlund, doblemente galardonado con la Palma de Oro en Cannes por “El Triángulo de la tristeza”. En este caso, la cinta de Polanski no llega tan lejos en ninguno de sus aspectos, pero su intención está más que clara: desconcertar al espectador, ser excéntrica, lujosa y vulgar.

Por lo tanto, no se puede esperar una “Semilla del diablo» de una película que juega con otro sistema lógico, con sus propias claves y donde Polanski no busca dar un recital de realización, sino más bien criticar al establishment del hotel en la víspera del efecto 2000. Es una excusa perfecta para este retrato coral donde las diferentes piezas del tablero se cruzan de manera azarosa y sin llegar a un destino aparente.

Habrá quienes la encuentren muy alocada, otros vulgar (también lo hacen con Ruben Östlund), pero sin duda estamos ante una obra que no trasciende ni es tan transgresora como podría parecer. Te hace reír y reflexionar, pero de manera tibia, sin ningún actor que destaque demasiado más allá del peluquín de Mickey Rourke. Sin embargo, a pesar de su edad, el realizador polaco ya está preparando su siguiente película y como nos ha demostrado a lo largo de su filmografía, no sabemos qué derroteros tomará. Lo importante es que siga filmando y engrosando una filmografía mítica.