Vermin marca el debut de Sébastien Vanicek en el mundo del largometraje. La trama es sencilla y sirve como excusa para situar a un puñado de personajes dentro de un edificio del extrarradio parisino, que da la casualidad que está infestado por unas arañas mutantes del desierto. Esta historia nos brinda una mezcla de Arachnophobia con una pequeña dosis del cine social francés contemporáneo. Vanicek demuestra tener un gran conocimiento sobre cómo gestionar los espacios a la hora de filmarlos. Generando mucha tensión a nivel cinematográfico y una atmosfera de horror muy potente. El resultado es un equilibrio entre el escalofrío del terror y la relevancia del contexto social, y sorprendentemente no parece el trabajo de un director con tan poca experiencia. La atmósfera se erige como el punto fuerte destacado de esta película.
Que conste que soy fan del cine coreano.
Desde que despuntaron a finales de los noventa y principios de los dos mil, se
han convertido en una de las cinematografías más potentes en la industria
contemporánea. Alcanzaron su cenit con el Oscar a la Mejor Película para
“Parásitos», todo un hito para una cinta en lengua extranjera.
Por eso, les cuento que las claves que a otros espectadores les echan para atrás a mí me generan mucho goce y disfrute. La cultura, el histrionismo y las referencias a la cultura pop son elementos que me hacen disfrutar como un cerdo en una charca.
«Concrete Utopia» es la punta de lanza de un nuevo universo expandido en el cual habrá más secuelas, spin-offs y series que explorarán el macrocosmos de la película dirigida por Um Tae-hwa. Desde el mismo inicio, presenciamos cómo un cataclismo reduce Seúl a cenizas, convirtiendo la ciudad en un amasijo de escombros donde el caos y la muerte han arrasado cada rincón del país. Todos, excepto el edificio Hwanggung, que, gracias a caprichos de la física, se ha mantenido intacto frente a las injerencias del terremoto. ¡Ni los vecinos se lo creen!
Protagonizada por Lee Byung-hun, Park Seo-joon y Park Bo-young, conocidos por películas como «Parásitos» o «I Saw the Devil», la trama nos mantiene atentos a cómo los habitantes se organizan para sobrevivir al incierto futuro que les espera, y no será nada fácil. Primero, deben elegir a un líder; luego, racionar los alimentos, buscar suministros y, por último, impedir el acceso a aquellos individuos colindantes que intenten aprovecharse de las privilegiadas características del bloque Hwanggung. Esto desencadena un conflicto territorial que sitúa a nuestros protagonistas en el ojo del huracán, transformándolos de simples supervivientes con la empatía del espectador en auténticas víboras dispuestas a sobrevivir a costa del más débil.
En definitiva, nos encontramos frente a una película que no reinventa nada, ya vista una y mil veces en un contexto de distopía con personajes que ya nos son familiares. Utiliza elementos de ciencia ficción como pretexto para realizar una radiografía de la sociedad coreana y, por ende, del ser humano. Cuenta con unos efectos especiales interesantes, con unos maravillosos actores protagonistas y un diseño de producción a la altura de un producto de estas características. Presenta algunos giros de guion interesantes y mantiene el interés debido a los problemas planteados y la agilidad en el desarrollo de los acontecimientos.
Es una película entretenida que agradará al público menos exigente y sin prejuicios de cara al cine oriental. Si no estás familiarizado con el género survival o nunca te has interesado por series como «The Walking Dead», te hará reflexionar sobre la condición humana en momentos desesperados.