Día de lluvia en Nueva York: El Allen más otoñal

Día de lluvia en Nueva York: El Allen más otoñal

4 Butacas sobre 5

Imagino que los acérrimos al cine del neurótico neoyorquino estarán ansiosos por ver Día de lluvia en Nueva York. O por lo menos ese era mi caso. Después de haber visto más de 40 películas, una miniserie y dos libros de relatos, su figura se ha convertido en necesidad. Y más aún después de haberme faltado un año.

Día de lluvia en Nueva York trae de vuelta la tradición del Allen otoñal, y le encaja a la perfección. Seguimos a una joven pareja de estudiantes que deciden pasar un fin de semana romántico en Manhattan, pero la lluvia y una sucesión de adversidades les impedirán disfrutar de los encantos de la ciudad.

Aquellos que echasen de menos al Allen más divertido, están de suerte. En los últimos años se había centrado fundamentalmente en regalarnos excelentes dramas como Blue Jasmine y Wonder Wheel, pero sus comedias no terminaban de encajar con los estándares cualitativos a los que nos había acostumbrado -indudablemente eran buenas, pero los adictos a su cine siempre queremos más-. No es el caso con A Rainy Day in New York, su película más divertida en muchos años. No se la considerará la mejor, pero su encanto es contagioso y cuesta no rendirse a él.

Allen compone una historia fresca con protagonistas jóvenes, lo que le sirve para reflexionar a la perfección sobre el paso de la adolescencia a la edad adulta, un viaje tanto de autodescubrimiento como de descubrimiento propio de la vida y sus entresijos, de las relaciones entre las personas, del transcurso del tiempo… Da verdadero gusto volver a tener a Allen “en su salsa”, cargando su película de diálogos rápidos -para un servidor muchos momentos serían dignos de una verdadera screwbally tremendamente graciosos sin olvidar los temas reflexivos que suele tratar en su obra; todo ello gracias a una Elle Fanning en estado de gracia y un Chalamet que recuerda a aquellos personajes misteriosos cargados de dramas y reflexiones internas.

Aquellos que disfruten de la filmografía de Woody encontrarán un verdadero placer en este regreso a Manhattan en el que las relaciones humanas y amorosas y las crisis (tanto artísticas como personales), ocupan nuestra mirada. Todo ello acompañado de lluvia y música jazz, transportándonos a la ciudad con la que nació este genio. ¿Se puede pedir más?

Es una película cálida, bella y deliciosa en la que muchas personas se sentirán identificadas con los devenires de esa joven pareja, con quiénes éramos y en quiénes nos hemos convertido.

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