'Black Phone': Líbranos del mal

'Black Phone': Líbranos del mal

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Después de tantos retrasos, por fin se estrena en España Black phone, la nueva película de Scott Derrickson (Sinister, 2012) basada en un relato de Joe Hill (El traje del muerto). En primer lugar, es menester avisar al lector de que quien escribe estas líneas no ha leído el relato en el que se basa este producto, así que se limitará a hablar sobre este nuevo proyecto de la marca Blumhouse Productions, estudio especializado en hacer películas de terror de bajo presupuesto y recaudar grandes cantidades por encima de lo presupuestado. Es cierto que no siempre ha atinado y, aunque son numerosos los éxitos de la casa (Insidious o Paranormal activity si nos referimos al ámbito comercial; Infiltrados en el Kklan o The lords of Salem si hablamos en términos artísticos), tenemos recientes ejemplos de fracasos como Ojos de fuego o Piedad, ambas adaptaciones de Stephen King, padre de Joe Hill.

Si hablamos de Black phone, todo apunta a que formará parte de la lista de éxitos comerciales, pues Ethan Hawke sigue siendo un reclamo para el cinéfilo y también para el gran público, y la publicidad lanzada por Universal Pictures durante el último año ha conseguido captar el interés del aficionado al cine de terror. Lo que no queda tan claro es que hayan conseguido un éxito a nivel artístico, pues hay dos tipos de películas que el autor de estas palabras nunca perdonará: las que se creen más inteligentes de lo que realmente son y las que insultan descaradamente a la inteligencia del espectador. En este caso podemos decir que Black Phone pertenece a los dos grupos. En el primero porque cree (o hace creer) que es algo más que un producto de los que se están estrenando en estos últimos años (o décadas), esos que basan sus supuestos logros en simples jumpscares que sorprenderán al espectador menos exigente o al más ingenuo cuando no deja de ser el clásico relato de secuestros con ciertos elementos paranormales. En el segundo grupo, el más imperdonable, se incluye porque huye de toda posible lógica, quebrantando de una manera zafia y vulgar todas las leyes de la física (cierta escena en la que el infante protagonista intenta huir por la ventana despertó más de una risa bochornosa en el patio de butacas del Palacio de la Prensa cuando se proyectó en la última Muestra Syfy) mientras que grana el conjunto de incontables deus ex machinas, exigiendo al espectador que perdone demasiadas licencias de guion, un guion plagado de referencias a Stephen King (It, 1408, Shawshank redemption, Carrie, Ojos de fuego) que harán las delicias de los consumidores asiduos al best seller, que son, como los espectadores de blockbusters, el público al que van destinados este tipo de fútiles trivialidades.

En cuanto a los personajes, tenemos tres principales: el niño protagonista, un insufrible muchacho sobre el que gira (por desgracia) toda la trama, un hombre del saco interpretado por un desaprovechadísimo Ethan Hawke (que se mantiene oculto tras una máscara durante toda la cinta) y una niña con poderes (igual de irritante o más que su hermano) que podría haber salido de cualquier libro de Stephen King sobre féminas con poderes psíquicos. En definitiva, tenemos una trama insultante protagonizada por personajes insufribles. Si a esto le añadimos los intentos de sustos baratos dignos de cualquier producto del pestilente warrenverse, un montaje que, en lugar de crear tensión, rompe el ritmo constantemente, un fallido intento de crear tensión a base de elementos más que manidos dentro del género a lo largo de los años, un conflicto sin ningún tipo de interés por quien no consiga empatizar con el personaje principal y una inevitable sensación de déjà vu, nos queda un producto totalmente inane que repelerá al espectador más estricto y que ni el mayor fan de este tipo de productos retendrá en la memoria días después de su visionado. Lo único salvable: su ambientación de los años 70. Una lástima que solo funcione y sirva en sus primeros quince minutos. Por lo demás, solo queda exhortar a Scott Derrickson exclamando el título de otro de sus insustanciales productos: Líbranos del mal (y jubílate). 

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