'Si pudiera te daría una patada': Las expectativas de ser madre en la sociedad actual

'Si pudiera te daría una patada': Las expectativas de ser madre en la sociedad actual

3 Butacas de 5

Tras alzarse con el Globo de Oro a mejor actriz de comedia, Rose Byrne me llevó a acudir presto a la sala para ver algo de humor —o quizá algo tragicómico— de perfil Sundance como me habían vendido en la gala del pasado día 12. Sin embargo, desde la mismísima primera secuencia de presentación, Mary Bronstein nos introduce en un mundo hostil que va cercando poco a poco a nuestra protagonista, impidiéndole incluso respirar. Un solo plano sostenido de Rose Byrne nos muestra la intensidad dramática que es capaz de alcanzar la actriz en los primeros compases de la cinta (y en toda en realidad).

Casi como una película de los hermanos Dardenne, Si pudiera te daría una patada sigue única y exclusivamente durante todo su metraje a Linda, una mujer que intenta gestionar como puede a su hija enferma, a un marido ausente y ayudar a una paciente con una serie de trastornos derivados de la maternidad, lo que genera interesantes paralelismos entre médica y paciente. Un juego de espejos que lleva a la reflexión de manera contundente.

Todo ello está contado en primera persona, (y con más de un secundario en off) siendo una película de un solo personaje, donde la cámara no se separa demasiado del rostro de la intérprete, logrando que sintamos una empatía total por lo que le ocurre a Linda. Una espiral de complicaciones que convierte su vida en un infierno permanente, en el que se siente sola y abandonada por su marido y, por extensión, por una sociedad que la juzga. ¡Por el espectador de la sala!

Surge así un tema tan candente como el de las madres perfectas. A nadie le enseñan a criar a un hijo y, como en el caso de Linda, mucho menos una hija que padece una enfermedad —que intuyo podría ser cáncer— que la mantiene conectada a una sonda las veinticuatro horas del día, sin poder ir al colegio ni llevar una vida normal. La presión se vuelve asfixiante cuando Linda siente culpa cuando no ejerce a su perfección con sus responsabilidades.

La verdad es que, a pesar de no ser la película que esperaba debido a la campaña de Hollywood, al comprobar que se trata de un producto de A24 su calidad está prácticamente asegurada. Es más, entiendo y valoro su riesgo tanto a nivel social como estético, ya que la película juega con claves del cine de terror a través de escenas muy perturbadoras y una fotografía tenebrista, donde los interiores asfixian y los exteriores ahogan. Los momentos más introvertidos de Byrne se convierten en la excusa perfecta para que Bronstein me lleve, como espectador, a otro lugar: un espacio muy cercano al cine de su pareja, conocida sobre todo por filmar junto a su hermano títulos como Uncut Gems o Good Time. No hablo de otro que de Josh Safdie, quien además ejerce labores de productor.

Completan el reparto Delaney Quinn, el famoso rapero A$AP Rocky y un irreconocible Conan O’Brien. No sabía que el aclamado presentador se había adentrado en la interpretación; en este caso da vida a un compañero de Linda que ejerce como terapeuta. Además, cuenta con una especie de cameo especial de Christian Slater.

En fin, la película resulta interesante. A nivel social propone ideas dignas de reflexión, sobre todo en torno a lo que significa ser madre en pleno siglo XXI y a lo que esperan de ti tu marido, tu hija, tu vecino o tus compañeros de trabajo. Es cierto que la directora plantea una denuncia, pero no pretende ofrecer conclusiones cerradas, y algunas subtramas no llegan a ninguna parte; aunque, claro, la película no va de eso. Se trata de un drama en forma de pesadilla que genera debate. Y esto no tiene nada que ver con que yo pensara que iba a ver una comedia.

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