3 Butacas de 5

Cuando en 1982 se estrenó E.T. El extraterrestre, de Steven Spielberg, no éramos conscientes de lo mucho que iba a influir en el mundo del cine en el futuro. Y es que, desde su estreno, ha habido mil y un imitadores que han intentado emular lo que consiguió ese clásico (y sí, digo clásico, porque sin duda ya lo es), pero ninguna ha conseguido siquiera igualar lo que logró el antiguo “rey Midas” de Hollywood. El último caso más claro fue Super 8, de J.J. Abrams, que realizó una película de lo más entretenida, aunque demasiado “prefabricada” como para equipararla con nuestro marciano favorito. Ahora, la productora A24 ha querido hacer su propia “versión”, cambiando marcianos por “demonios del bosque”, pero imprimiendo su sello particular, de manera que hace que la propuesta sea, como mínimo, curiosa.

Yuri, una joven rebelde de la remota isla de Carpathia, es educada para temer a las criaturas nocturnas del bosque, los Ochi. Cuando Yuri encuentra un bebé Ochi herido, decide escaparse de casa y embarcarse en una aventura para reunirlo con su familia.
La leyenda de Ochi parece estar más preocupada por crear un estilo propio que por crear una organicidad en el relato, y creo que ese es el mayor problema del film. No queda del todo claro hacia quién quiere ir dirigido, deambulando entre una amalgama de tonos que termina pasándole factura. A veces demasiado infantil, a veces demasiado adulta, la película navega entre dos mares en los que no encuentra el equilibrio preciso que haga que el relato fluya con solidez. Y es una pena, porque el film tiene elementos muy destacables.

Entre ellos, una fotografía espléndida de Evan Prosofsky, que aprovecha los impresionantes paisajes al cien por cien y da la sensación, durante todo el metraje, de que estás allí en mitad de la montaña pasando frío con ellos en su aventura; también una banda sonora de David Longstreth maravillosa, que consigue dar el cariz distinto y a la vez emotivo que la película intenta transmitir sin conseguirlo del todo, pero que la música sí logra (incluso el clímax final parece un homenaje al clásico de John Williams); y unos efectos visuales magníficos, en los que la mezcla entre animatrónicos y efectos digitales se solapan de manera maravillosa, creando unas criaturas con entidad propia y con mucho encanto (recuerdan mucho a Jim Henson). A ello hay que mencionar un diseño de producción excelente (véase la cueva).

En ese aspecto, el trabajo técnico es de diez, y es una pena que nunca termine de despegar del todo ante la amalgama de tonos y estilos de la que el film quiere presumir… solo por ser distinto, lo cual lo lastra un poco. Y eso se refleja también en unas interpretaciones que resultan chocantes, porque cada actor parece estar en un relato distinto. Desde la sobriedad de una excelente Emily Watson (la mejor del reparto), pasando por un histrionismo exacerbado de Willem Dafoe, hasta una Helena Zengel que se mueve entre las dos vertientes, creando un desequilibrio un tanto extraño, aunque en líneas generales funciona. Y Finn Wolfhard… pues solo decir que pasaba por ahí, porque su peso es casi nulo.
Por tanto, La leyenda de Ochi es la versión de E.T. por parte de A24, y por mantener esa distancia y ese sello de la propia productora, al final se resiente, pues parece más preocupada por ser diferente del resto que por obtener el resultado que realmente quería. Pese a que el film sea ameno (dura 95 minutos) y resulte entretenido, entrando muy bien por los ojos y por el oído, nunca termina de llegar al espectador debido a esa mezcla de tonalidades, que se ve reflejada en un clímax final que pretende emular a E.T. sin conseguirlo. Aun así, como digo, es una cinta distraída y amena, con un apartado técnico espléndido que consigue entretener, aunque no perdure en la memoria demasiado tiempo.

