3’5 Butacas de 5

“La sonrisa del mal”, dirigida por Paolo Strippoli y protagonizada por Michele Riondino y Giulio Feltri en su papel debut, sigue a Sergio, un exjudoka olímpico que llega a un pequeño pueblo italiano para cubrir una suplencia como profesor, pero al poco tiempo se da cuenta que algo no está del todo bien, por lo que intentará encontrar una explicación antes de que sus propios traumas terminen con él.
La película se mueve dentro del thriller psicológico con toques sobrenaturales. Tiene momentos inquietantes y un tono cada vez más oscuro, pero su interés no está tanto en provocar sustos como en construir una atmósfera emocional y opresiva que gira alrededor del dolor, el trauma y la necesidad de querer olvidarlo.
La premisa es bastante potente, en el pueblo existe una forma de liberarse del dolor emocional a través de Matteo Corbin, un adolescente que parece capaz de absorber los traumas de los demás. Poco a poco Sergio intenta entender lo que ocurre y, sobre todo, ver la parte humana de ese chico “santificado” que todos utilizan como una especie de vía de escape, sin olvidar que sigue un adolescente normal y corriente.

La película plantea algo interesante, evitar el dolor no significa superarlo. Y ahí entra uno de sus temas principales, la salud mental. Da la sensación de que todo el conflicto podría haberse evitado si los personajes afrontaran sus problemas de una forma más sana. Es casi una metáfora sobre la necesidad de procesar el trauma con la ayuda de un profesional y no con fuerzas sobrenaturales que no entendemos.
También hay una base religiosa muy presente, el tema católico atraviesa la historia y se utiliza para mostrar cómo ciertas creencias pueden deformarse hasta justificar acciones que terminan siendo dañinas, aunque partan de buenas intenciones.

A nivel narrativo, el inicio y el final funcionan muy bien. La atmósfera es oscura, triste y bastante incómoda. En la parte central la película se dispersa un poco con algunos conflictos entre personajes que no siempre aportan demasiado. Aun así, la película se mantiene sólida. Toma elementos que recuerdan a The Omen, pero no se siente como copia. Tiene identidad propia y un guion bastante original.
Al final, “La sonrisa del mal” sorprende porque no busca el susto fácil, sino construir una historia incómoda sobre el dolor y la necesidad de afrontarlo. Con un tono oscuro y actuaciones muy creíbles, la película funciona mejor como thriller psicológico que como terror, dejando una reflexión interesante sobre las consecuencias de intentar borrar lo que nos hace humanos.

