5 Butacas de 5

Después de terminar de leer uno de los mejores libros de ciencia ficción de los últimos años como lo es Proyecto Hail Mary del gran Andy Weir, tenía mis dudas en lo difícil que sería adaptar a la gran pantalla esta historia, sin embargo, “Proyecto Salvación” cumple la misión con una nota extraordinaria. Dirigida por Phil Lord y Christopher Miller, y protagonizada por Ryan Gosling, la película sigue la historia de Ryland Grace, un profesor de instituto cualquiera que se ve envuelto en una misión espacial que podría determinar el destino de la humanidad.

Gran parte del mérito está en el carisma innato de Gosling. Él nació para ser este personaje, la historia descansa casi por completo sobre él y funciona porque tiene ese atractivo natural que hace que conectes enseguida con el personaje. No es el típico héroe, es alguien normal metido en una situación completamente extraordinaria.
El tono también es clave, Lord y Miller aportan su humor característico y lo hacen encajar muy bien con la historia. La película es divertida, pero nunca rompe la emoción. De hecho, tiene mucho corazón, recuerda bastante al cine de Spielberg, a esos blockbusters de los 80 y principios de los 2000 que mezclaban aventura, emoción y personajes muy humanos.

Visualmente también está a un nivel altísimo, después de mucho tiempo una película por fin tiene color y no ese gris al que nos han acostumbrado con el cine digital. La fotografía corre a cuenta de Greig Fraser, tal vez el mejor en su campo actualmente, con un uso muy elegante de la luz, retrata con precisión cada módulo de la nave y varios momentos estelares que seguramente se quedarán grabados. Además, el montaje juega con transiciones entre pasado y presente, lo que le da ritmo y también ayuda a construir poco a poco la historia del protagonista.
La premisa científica avanza más rápido que en el libro, eso sí, no se detiene tanto en explicaciones, sobre todo al inicio y al final que es donde puede sentirse un poco abrumador sin contexto, pero dentro del mundo de la película al final todo tiene sentido. Si que cambian algunos detalles mínimos, como la personalidad de cierto personaje, y que el montaje naturalmente acelera momentos que en libro respiran más.

Otro de los grandes aciertos es el componente emocional, especialmente la relación que se desarrolla durante la misión. Porque sí, además de Ryland, tenemos a Rocky, un alienígena rocoso con una personalidad muy curiosa. La película habla de la amistad, de la cooperación y de cómo incluso en situaciones extremas lo que realmente importa es el vínculo humano.
La banda sonora de Daniel Pemberton refuerza ese tono optimista, casi espiritual, que atraviesa toda la historia. No busca dramatizar en exceso, sino acompañar esa sensación de esperanza constante con esos cantos gregorianos celestiales que representan a la humanidad acompañando a Grace en su misión por el espacio.

Más allá del espectáculo visual y de su premisa científica, “Proyecto Salvación” destaca por su tono optimista y su ritmo constante. Es una aventura espacial muy entretenida que mezcla humor, emoción y ciencia ficción sin perder el equilibrio. Probablemente no solo sea una de las mejores adaptaciones de los últimos años, sino una de esas películas que con el tiempo pueden ganarse un hueco entre los clásicos modernos del género.

