'Maigret y la muerte del embajador': Un crimen francés muy tradicional

'Maigret y la muerte del embajador': Un crimen francés muy tradicional

2’5 Butacas de 5

Maigret y la muerte del embajador”, dirigida por Pascal Bonitzer y protagonizada por Denis Podalydès, Anne Alvaro y Manuel Guillot, es una película francesa de crimen e intriga que apuesta por un enfoque muy clásico del género policiaco. Con una duración de poco más de una hora, se siente más como un episodio extendido de una serie de detectives tradicional que una película con narrativa propia.

El comisario Jules Maigret, creado por Georges Simenon, es una figura muy conocida dentro del policiaco europeo. No es un detective al estilo Sherlock Holmes, que resuelve todo con deducciones inteligentes, ni tampoco tiene el lado más carismático de Arsène Lupin. Maigret es más terrenal y pausado. Se basa en escuchar, en hablar con la gente y en entender qué hay detrás de cada personaje, y ese enfoque más tranquilo y psicológico es justo el que marca el ritmo de esta película.

La historia arranca directamente con el caso, y tal vez es lo mejor que tiene. El detective Maigret llega a la escena donde un exembajador aparece muerto. A partir de ahí la investigación se centra en descubrir qué ocurrió y, sobre todo, si esa muerte está relacionada con otro fallecimiento ocurrido días antes. La estructura es la típica del género, entrevistas, interrogatorios, reconstrucción de los hechos y pequeñas revelaciones que van apareciendo poco a poco.

El problema es que se apoya casi exclusivamente en conversaciones. Prácticamente todo el metraje son interrogatorios a familiares, conocidos o personas cercanas a los fallecidos. Van surgiendo algunos giros, sí, pero nunca terminan de generar verdadera tensión.

El ritmo es muy plano, la puesta en escena es bastante sencilla y la fotografía tampoco aporta demasiado más allá del tono sobrio habitual en este tipo de historias. Todo funciona, pero nada destaca.

También da la sensación de que la duración juega a favor y en contra. Por un lado, el hecho de que dure poco evita que se haga pesada. Pero al mismo tiempo refuerza esa sensación de estar viendo un capítulo alargado de una serie, sin el desarrollo o la intensidad que uno esperaría de un largometraje.

La interpretación de Denis Podalydès es correcta, contenida, muy en la línea del detective clásico observador y tranquilo, pero el personaje tampoco tiene demasiado recorrido emocional como para que conectemos más allá de la investigación.

Al final, “Maigret y la muerte del embajadores una propuesta muy tradicional, con todos los elementos del cine policiaco clásico, pero sin la tensión ni el misterio suficientes para destacar dentro del género. Se deja ver, dura lo justo, pero difícilmente deja huella.

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