3’5 Butacas de 5

Llega a los cines españoles la ópera prima de los directores belgas Charlotte Devillers y Arnadu Dufeys protagonizada por una madre coraje que lucha por la custodia de sus hijos con la que ganaron el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla.
Alice Piron (Myriem Akheddiouy) acude con sus hijos al tribunal para declarar ante la jueza (Natali Broods) por la custodia de sus dos hijos, Etienne (Ulysse Goffin) y Lila (Adele Pinckaers). Ha sido denunciada por su ex marido, el señor Goossens porque hace dos años que no ve a sus hijos y la jueza debe determinar si ella está capacitada para cuidarlos o no.
La primera escena de ella arrastrando a su hijo a trancas y barrancas hacia el tranvía en plena pataleta explica perfectamente el día a día de esta mujer que está sobrepasada por la situación en la que intuimos lleva instalado demasiado tiempo. No puede controlar a su hijo Etienne quien tiene rabietas constantemente y su hija Lila tampoco pasa por su mejor momento y vive instalada en una actitud pasota, pero trata de ayudar a su madre como puede.

La llegada al juzgado no es tampoco mejor. El chico huye despavorido a esconderse en cuanto aparece el padre. Los dos menores comparecen en audiencia ante la jueza y luego lo hacen los padres en una escena tremendamente desgarradora y tensa que centra toda la película. Primero hablan los abogados de ellos, luego el de sus hijos y luego lo hacen su ex marido y padre de los dos chavales el señor Goossens (Laurent Capelluto) y por último lo hace Alice. El relato de él es el de un hombre ausente que no entiende la situación en la que está y no sabe por qué su hijo tiene faltas de asistencia en clase, por qué su hija ha bajado en las notas y por qué llevan dos años sin verse. Habla de que tiene una nueva pareja y acaban de tener un bebé y solo quiere ejercer de padre algo que no le han dejado hacer hasta el momento. Habla, pero no sabemos nada de él, es un hombre correcto que hace su exposición pero que no comparte nada íntimo de su vida con sus hijos antes de la separación de Alice.

Alice, por su parte, es un manojo de nervios que vive angustiada y al borde del colapso y la cámara la enfoca durante gran parte de las declaraciones del resto de miembros de la sala para que se vean sus reacciones. Tiembla, es impaciente, se indigna, está nerviosa y llorosa todo el rato. Alice relata la relación con su ex marido desde el inicio a quien conoció cuando ella era muy joven y cómo se fueron dando los años en los que nacieron sus dos hijos hasta que tomó la decisión de separarse y qué pasó tiempo después para que la relación entre sus hijos y el padre se haya roto hasta un punto de no retorno. Ahí es cuando el espectador, los abogados y la jueza se dan cuenta de la dimensión de la situación en la que viven Alice, Etienne y Lila.

Este thriller judicial con tintes sociales consigue generar sensación de angustia al estar rodado en formato de pantalla en 4:3 y con la cámara en mano pegada a su protagonista. Transcurre en un único escenario de líneas sencillas y simples con grandes espacios pintados en tonos claros en el que encontramos grandes cristaleras por las que entra mucha luz que contrasta con la ropa oscura de los personajes. La actriz Myriem Akheddiouy interpreta a Alice con una fisicidad torpe, agarrotada y tensa lo que acompañado de sus muecas, gestos, y tics nerviosos nos muestra a una mujer totalmente destrozada que lo único que quiere es que esa situación en la que está se acabe de una vez. Su trabajo es sobrecogedor durante toda la película pero sobre todo en el momento de la declaración en la que su personaje saca fuerza de flaqueza y expone toda la situación a la jueza.
Los directores a través de la película realizan una crítica al sistema judicial por lo lento y farragoso que se vuelve teniendo en el limbo a familias con situaciones insostenibles que esperan como agua de mayo que las resoluciones puedan ayudarles a encauzar y seguir adelante con sus vidas.

Los directores decidieron rodar la escena de la declaración como si de una vista real se tratase y a toma única. Para ello, decidieron que los abogados de los padres fueran abogados reales y que se tomasen la vista como si fuera un trabajo real. En cambio, dos actores Myriem Akheddiou y Laurent Capelluto no se vieron hasta esa escena clave. Cada uno preparó su trabajo por separado con los directores con las indicaciones que ellos les daban lo que les permitió generar la distancia necesaria en la que viven sus personajes. Los directores también trabajaron con los dos chavales de forma diferente. Con el niño tenían que hacerle jugar y entender qué estaba haciendo para que su trabajo fuese lo más real posible y en cambio con la adolescente el trabajo se parecía algo más al de los adultos, pero con juegos entre los dos chavales trabajar la relación de hermanos. Rodaron toda la película en 13 días y en tiempo real.
La cinta también es una crítica hacia lo lento y farragoso que se vuelve el sistema judicial que tiene viviendo en el limbo con situaciones insostenibles a familias sufriendo esperando una resolución que pueda ayudarles a encauzar y seguir adelante con sus vidas.
La película ganó cuatro Giraldillos en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla entre ellos el de mejor película.

