'Dos Fiscales': el engranaje perfecto del cine

'Dos Fiscales': el engranaje perfecto del cine

3’5 Butacas de 5

Son los ‘30 en la URSS de Stalin, y la NKVD, la policía secreta, se ha encargado de torturar disidentes, obtener falsos testimonios y encarcelarlos. El joven fiscal Kornev, con su eficiencia y dignidad, se mete en los infiernos del sistema burocrático para intentar dar alerta del atrapamiento injusto de un ciudadano y como espectadores somos testigos de los procesos, permisos y negociaciones que se van desbloqueando para avanzar la acción como si fuese un mero trámite.

Es una mirada fría a la forma en que la corrupción se apodera de los sistemas, y cómo quienes quieren hacer lo correcto se ven imposibilitados de hacerlo. Kornev cree que las irregularidades son casos aislados y, más peligrosamente, que se pueden resolver a través de seguir procedimientos.

El sistema no puede cambiarse desde dentro y nadie sabe para quién trabaja. En Dos fiscales, la puesta en escena es meticulosa y distante, una trampa en la que el director Sergey Loznitsa remarca el funcionamiento del engranaje otorgándole tanto tiempo en escena a enfrentamientos verbales como salas de espera, a conversaciones tensas como a papeleo y empleados públicos recorriendo pasillos.

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