Tan sólo hacen falta un par de días en un festival de cine para que te olvides de la realidad. El domingo, mi tercer día en la ciudad francesa, yo ya no sabía ni en qué planeta estaba, pero con una inmensa felicidad porque iba a ver lo nuevo de Rodrigo Sorogoyen (de la que tenéis crítica escrita).
A decir verdad, la película dejó un gran poso en mí e hizo que me retirara una de las dos películas más que tenía por delante ese mismo día, por lo que el debut en la dirección de Sarah Arnold, titulado Too many beasts, fue el segundo y último plato del día.
TOO MANY BEASTS
3 Butacas de 5

Probablemente el divertimento más sencillo y directo que me he encontrado en el festival, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva. Visualmente algo plana y resultando bastante previsible, este thriller cómico es un disfrute fantástico que gustará al gran público.
Todo está situado en un pequeño pueblo francés en el que empiezan a aparecer jabalíes muertos, de donde se empezará a desarrollar una investigación policial con unos personajes maravillosos. El reparto está genial, dándolo todo en unas actuaciones que quizás de cara a premios no sean muy reconocidas por ser de comedia, pero al nivel de cualquier otra reconocida dramática en la sección.
Al final de lo que se trata es de pasar un buen rato y la película cumple y con creces, además con múltiples referencias cinéfilas y en un ajustado metraje de 1h30.
El cuarto día de festival probablemente fue el mejor de todos: 3 películas, de las que además tenía muchas expectativas, que resultaron ser 3 películas buenísimas.
ONCE UPON A TIME IN HARLEM
3,5 Butacas de 5

Probablemente uno de los documentales que estaremos escuchando los próximos meses en la carrera de los Oscar. Dirigido por David Graves continuando el trabajo de su padre, William Graves, retrata una reunión de los líderes del renacimiento de Harlem.
Con un ritmo muy potente y un gran montaje consigue cautivarte desde del arranque, además con muchos momentos humorísticos y corazón, por lo que consigue contarte la historia que pretendía y además que aprecies a todos y cada uno de los asistentes a esa reunión.
Pasó por Sundance recibiendo muy buenas críticas, y su paso en la Quincena siguió el mismo camino. Puede que mi nota se quede algo baja, pero porque no dormí mucho y me costó entrar en algunos momentos en la propuesta, pero tengo muchas ganas de volver a verla, y recomiendo encarecidamente que hagáis lo mismo cuando pase por salas o por plataformas.

VIVA CARMEN
3,5 Butacas de 5

Sébastien Laudembach, el hombre detrás de la genial Linda quiere pollo, vuelve con una reimaginación de Carmen, siguiendo su reconocible estilo animado 2D, lleno de grandes secuencias.
Puede que haya cosas que no terminan de convencer porque son algo apresuradas o porque están pensadas para un público más joven, pero el trabajo de síntesis y adaptación es realmente magnífico, destacando algunas secuencias de “acción” y musicales que aunque son elementos reconocibles en el cine para toda la familia, creo que aquí alcanzan un grado más de profundidad emocional.
El tema no es sencillo, pero lo resuelve por todo lo alto, además con una Sevilla de fondo y unos personajes que te invitan a quedarte a vivir en este cuento sobre el destino y los ciudadanos considerados “de segunda”, que tan solo desean amar y vivir dignamente.

LA PERRA
4 Butacas de 5

Y el primer gran flechazo del festival llegó de la cineasta chilena Dominga Sotomayor, de quien apenas controlaba su último largo, Limpia, presentado en el SSIFF en septiembre del año pasado. Adaptando un libro homónimo de la escritora colombiana Pilar Quintana, la realizadora crea una especie de fábula situada en una isla, donde todo se cuece a fuego lento para acabar destapándose como una historia oscura sobre la pérdida y la maternidad.
Con música de Clint Mansell (Cisne negro) y la increíble puesta en escena y fotografía de la película, va creando una atmósfera confusa, que además se enrarecerá con unos flashbacks que entiendo que no funcionen a mucha gente, pero a mí, que no son un fan de este recurso cinematográfico, me hizo interesarme aún más por la propuesta.
Manuela Oyarzún, su protagonista, está a un altísimo nivel, pero es cuando entra el brasileño Selton Mello cuando alcanza unas cotas al nivel de muy pocas películas vistas en la selección. Ahí se revela el juego definitivo, que golpea con fuerza al espectador al igual que las olas azotan la isla chilena.
Un título imprescindible que tenéis que ver cuando llegue a festivales o salas próximamente.

