'Las Corrientes': Relato íntimo sobre la salud mental como deriva del capitalismo

'Las Corrientes': Relato íntimo sobre la salud mental como deriva del capitalismo

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Las corrientes es la típica película que explora la introversión de un personaje y sus conflictos interiores, algo que ya hemos visto en otras ocasiones, pero que no deja de resultar emocionante cuando un medio visual logra extrapolar los sentimientos más íntimos de una persona, dándoles un envoltorio cinematográfico que hace que todo se entienda por sí solo, con imágenes y sin que los diálogos sean mucho más que un aderezo. Esto es exactamente lo que consigue la película de la realizadora argentina Milagros Mumenthaler.

Puede que, en el fluir de la historia, el metraje se resienta en algunos momentos, pero cuenta con escenas muy logradas en las que nos adentramos en la mente de Lina de una manera muy expresiva, haciéndonos comprender perfectamente lo que le ha ocurrido. En términos generales, su vida aparentemente perfecta es la envidia de todos: es una estilista de éxito, casada con un hombre atractivo y adinerado, con un hogar que parece sacado de una revista y una hija pequeña que no da mucha guerra. Sin embargo, tras recibir un premio en Suiza, hay un cambio en ella. Hay algo que necesita salir a la superficie: una serie de problemas que ha mantenido bloqueados, un pasado, una familia y unos traumas que la empujan a regresar al origen de sus conflictos y enfrentarse a ellos.

Isabel Aimé González-Sola es la razón de ser de Las corrientes, una película construida por completo alrededor de su personaje. No hay una sola escena en la que ella no esté presente. Su trabajo es digno de admiración, ya que Lina debe hacer virtud del minimalismo: no puede sobreactuar, sino contener sus emociones de una manera que transmita que las guarda en un cajón porque no tienen cabida en su vida actual. Se trata de un rechazo al pasado motivado por la vergüenza o por un estigma vital. El punto de inflexión llega cuando ya no puede más y se ve obligada a afrontar esos problemas del pasado, hablando de sus trastornos y de las personas a las que ha mantenido al margen de su vida actual. La intérprete deja entrever ese dolor mientras lo oculta, permitiendo al espectador comprender poco a poco por qué alguien como Lina se enfrenta a tantos conflictos y por qué actúa de una forma tan errática desde que recibió el premio en Suiza.

Otro punto a favor es la pericia de Milagros Mumenthaler para componer planos que transmiten vacío, soledad, angustia y represión, utilizando metáforas visuales como el agua, la corriente de un río o un puente, símbolos que expresan aquello que Lina jamás verbalizará. Estos encuadres, muchas veces cercanos a bodegones tristes y bellos, se apoyan en una fotografía grisácea y fría que envuelve una historia desoladora sobre el trauma y la necesidad de enfrentarse a él.

Argentina cuenta con una cinematografía nacional que, más allá de sus éxitos comerciales más conocidos, alberga una serie de producciones de autor muy interesantes. Tristemente, a nuestro país llegan cada vez menos películas de este perfil, así que hay que abrazar Las corrientes por lo que es y por lo que ofrece: una construcción basada en un relato íntimo sobre problemas contemporáneos, con la salud mental —tan vigente hoy en día— como una de las consecuencias del capitalismo.

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