'La Copia Perfecta': Un pasatiempo impecable

3 Butacas de 5

Estoy convencido de que, dentro de cada uno de nosotros, da igual nuestro lugar de procedencia, cultura u oficio, tenemos una vena artística. Quizás para muchos únicamente tomó conciencia en la infancia; con el dibujo, la práctica de danza o la música, que terminaría abandonando nuestra cabeza porque la vida pasa y surgen diferentes caminos. Otros, privilegiados, pueden dedicar su tiempo de trabajo o, si tienen, de ocio, para dejar que esa vena siga tomando el control aún pasadas varias décadas de existencia.

El protagonista de La copia perfecta (un genial Reda Kateb) es un soñador que ve mucho más allá que sus vecinos y que dedica su tiempo a crear inventos increíbles, pero nadie los acepta porque él es un inmigrante. El azar le hizo luchar en una guerra y aunque encontró al amor de su vida, no vivió en un momento donde poder desarrollar libremente su arte.

La película, un thriller que no está muy lejos en algunos momentos de un drama de sobremesa, conquista por su corazón. El personaje de Kateb tiene muchas deficiencias, pero la necesidad de explotar ese arte que tiene dentro hace que empatices con él incluso cuando, en la última parte del film, toma decisiones muy cuestionables.

Técnicamente cumplidora y con un reparto muy entregado, La copia perfecta apuesta por entretener, y sin duda lo consigue. Sus casi 2h10 pasan rápidamente, combinando una película biográfica con un thriller que juega al gato y el ratón, que dudo que deje de convencer a cualquier espectador dispuesto a adentrarse en la vida de Jan Bojarski, un falsificador de billetes conocido como “el Cézanne de la falsificación”.

Y aunque no estamos hablando de un título muy ambicioso de cara a premios y que no inventa nada nuevo dentro de su género, es el claro ejemplo de que dentro de una maquinaria industrial (estamos hablando de una película de alto presupuesto para ser europea), hay espacio para contar historias de manera honesta, que aun sabiendo que sus cartas son limitadas, se pone empeño en que funcionen lo mejor posible. Y esto es algo que no puede ocurrir en Hollywood, donde la mentalidad es quizá otra y todo se siente prefabricado. Aquí existe una emoción genuina, y, a decir verdad, no le puedo pedir más a una película. Muy recomendada.

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