3 Butacas de 5
¿Qué harías si tu hija pudiera ver y escuchar absolutamente todo lo que haces, incluso cuando no está contigo? Esa es la premisa de “Marielle lo sabe todo”, la nueva película de Frédéric Hambalek, y protagonizada por Julia Jentsch, Felix Kramer y la joven Laeni Geiseler. A partir de una idea de realismo mágico, construye una sátira sobre la familia, la privacidad y la doble moral.
La historia sigue a Marielle, una niña que, de un día para otro y sin demasiadas explicaciones, empieza a ver y escuchar todo lo que hacen sus padres, estén donde estén. Lo que en cualquier otra película se convertiría en un thriller o en una historia de ciencia ficción, aquí sirve para poner incomodar a las máximas consecuencias la vida de una familia aparentemente normal. Ya no existen los secretos, las mentiras piadosas ni esa versión de nosotros mismos que mostramos cuando creemos que nadie nos está mirando.

Lo mejor de la película es la cantidad de temas que pone sobre la mesa. Habla de la autocensura, de las apariencias, de cómo actuamos de una manera en el trabajo y de otra completamente distinta en casa, de la hipocresía, de la sexualidad e incluso de la presión que sentimos por encajar dentro de un modelo de familia perfecto y funcional. El único problema es que al ser ideas muy interesantes y actuales no termina de profundizar en ninguna.
A pesar de llamarse “Marielle lo sabe todo”, quien menos protagonismo tiene es la propia Marielle. El foco acaba estando casi siempre en sus padres y en cómo intentan adaptarse a una situación imposible. Habría sido más interesante conocer cómo vive ella ese cambio, qué supone para una niña cargar con algo así o incluso cómo podría utilizar esa capacidad a su favor.

Visualmente también es arriesgada, la fotografía pasa de grandes planos generales a primerísimos primeros planos sin avisar, utilizando la cámara lenta en momentos muy concretos y componiendo imágenes que generan cierta incomodidad, reforzando constantemente la idea de que los personajes están siendo “observados” todo el tiempo.
Aunque la protagonista sea una niña, no es para nada una película familiar, tiene un lenguaje bastante explícito, conversaciones adultas y algunas situaciones realmente incómodas. De hecho, una de las escenas más divertidas nace de esa incomodidad, demostrando que cuando apuesta por la comedia negra funciona mejor de lo que parece al principio, pudiendo llevar ese tono todavía más lejos, recordando al gran Haneke o a Lars Von Trier.

“Marielle lo sabe todo” es una de esas películas que se disfrutan más por las conversaciones que genera que por la historia en sí. Tiene una premisa muy interesante, varias escenas realmente incómodas y una reflexión interesante sobre la intimidad y la doble moral. Pudo haber ido mucho más lejos, pero aun así es una propuesta diferente, de esas que, cuando termina, sigues pensando en ella.

