2’5 Butacas de 5

Gorka Otxoa lleva toda su carrera vinculada a la comedia. El éxito de Vaya Semanita lo catapultó a la primera línea de la interpretación, de la mano, entre otros, de Borja Cobeaga y de títulos tan emblemáticos —al menos para quien escribe— como Pagafantas. Desde entonces, ha protagonizado numerosas películas y series, consolidándose como uno de los rostros más reconocibles del género en el panorama audiovisual español. En la actualidad, Machos Alfa representa el mayor escaparate mediático de su trayectoria.
Con una imagen cercana, amable y un talento natural para hacer reír, Gorka ha construido una carrera sólida y admirada tanto por el público como por la profesión. Su capacidad para conectar con la audiencia y sostener el peso de una historia como protagonista lo convierten en el intérprete ideal para una propuesta como Ni contigo ni sin mí, un espectáculo que descansa precisamente en el carisma, el ritmo y la complicidad que él domina a la perfección.

La película de la actriz y debutante en la dirección María Ruiz presenta una comedia de enredo en la que Ernesto (Gorka Otxoa) decide celebrar su cumpleaños en su espectacular casa de la playa. Sin embargo, descubre que su futura exmujer mantiene una relación con su atractivo vecino. Para complicar aún más la situación, recibe los papeles del divorcio, lo que despierta en él una desesperada necesidad de recuperarla, ya que sigue locamente enamorado de ella.
¿Y qué se puede hacer por amor? Cualquier locura. Por ejemplo, organizar una fiesta e invitar a su exmujer y a su nueva pareja para presentarles a una ficticia nueva novia. A partir de ahí, los equívocos, las dobles intenciones y las borracheras se suceden a través de diálogos ágiles y vertiginosos. Lo que iba a ser una celebración breve termina convirtiéndose en una especie de encierro involuntario, casi a la manera de El ángel exterminador, articulando una estructura teatral que recuerda a la reciente película Polonia.

Como curiosidad, la película contiene numerosas referencias a la pandemia de la COVID-19, algo especialmente interesante si tenemos en cuenta que el cine, en líneas generales, ha tendido a ignorarla más que a incorporarla a sus relatos. Aquí funciona como detonante de muchos de los conflictos entre los cuatro personajes, ya que todo lo que ocurre en el presente viene condicionado por lo que hicieron —o dejaron de hacer— durante el confinamiento. Este recurso aporta cierta verosimilitud a la historia y ayuda a comprender mejor las motivaciones y contradicciones de los personajes.
En resumidas cuentas, se trata de una película bienintencionada, que no se hace larga y cuyas pretensiones son relativamente modestas. El guion resulta algo endeble, alternando momentos tibios con alguna carcajada aislada, sostenido por un reparto que cumple con solvencia. Quizá el encierro en un único espacio no favorece a una estructura dramática que aporta poco y que acaba derivando hacia una narración donde algunos personajes no terminan de desarrollarse del todo. Aun así, es una propuesta entretenida, con buenos paisajes y una ligereza que no exige demasiado al espectador. No es tan graciosa como debería, pero para estos días calurosos no viene mal contemplar el mar, aunque sea desde la pantalla grande.

