'Hombres de acero': Un thriller carcelario a la altura de los clásicos

4 Butacas de 5

En un fin de semana en el que toda la atención estará acaparada para un solo estreno, es fácil que películas como “Hombres de acero” pasen completamente desapercibidas. Y sería una pena, porque es de esas que merecen verse en una sala de cine. La ópera prima del británico Cal McCau, producida por el mismo equipo detrás de Adolescence y Boiling Point, vuelve a demostrar que no hace falta una historia enorme para mantenerte en tensión durante toda una película.

Estamos ante un thriller carcelario crudo, violento y realista, aquí la cárcel no tiene nada de romántica, como suele suceder. La suciedad, la desesperación y la sensación de estar atrapado se respiran en cada escena. Si has visto Boiling Point o Adolescence, ya sabes el tipo de tensión que manejan sus productores, historias que parecen no darte un respiro y que consiguen transmitir esa sensación de agobio constante. Aquí se potencia aún más porque casi toda la acción transcurre entre los muros de una pequeña celda compartida.

Gran parte del mérito viene de la fotografía de Lorenzo Levrini, el formato 4:3 no está elegido por estética, sino porque refuerza la sensación de encierro. Además, la cámara permanece casi todo el tiempo pegada al rostro de los personajes, obligando a los actores a sostener la película con pequeños gestos y silencios.

David Jonsson y, sobre todo, Tom Blyth cargan con todo el filme. Jonsson interpreta a Taylor, un preso que lleva más de diez años encerrado y que recibe la noticia de que solo le queda una semana para recuperar la libertad. El problema es que esa última semana también será la más difícil. La llegada del personaje de Blyth rompe por completo el equilibrio dentro de la prisión y pone en peligro todo aquello por lo que Taylor ha estado luchando durante años.

La película también se detiene en las jerarquías que existen entre los propios presos, los códigos internos, los pequeños negocios que mantienen dentro de la cárcel y esa convivencia forzada donde cualquier error puede tener consecuencias sin retorno.

Otro recurso que funciona son las imágenes grabadas como si fueran vídeos hechos por los propios internos, con un estilo cercano al found footage. Son secuencias más sucias, más improvisadas y mucho más violentas visualmente. Funcionan muy bien porque rompen con la puesta en escena más controlada del resto de la película.

“Hombres de acero” demuestra que una buena película no necesita una trama especialmente compleja para dejar huella. Le basta con una dirección muy segura, interpretaciones sobresalientes y una puesta en escena que consigue que también tú sientas el peso de esas cuatro paredes. Es un drama incómodo, seco y muy efectivo, de esos que te mantienen en tensión hasta el último minuto.

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