3 Butacas de 5


¿Qué pasaría si una simple pintura fuera capaz de despertarte una crisis personal con el poder de cambiar el mundo? Esa es la premisa de “El síndrome Rembrandt”, el nuevo drama francés dirigido por Pierre Schoeller y protagonizado por Camille Cottin y Romain Duris, una película que mezcla arte, ecología, ciencia y política para intentar hablar de uno de los grandes conflictos actuales, nuestra relación con el planeta y la responsabilidad que tenemos sobre él.
La película sigue a Claire, una ingeniera especializada en energía nuclear que su vida cambia cuando observa un cuadro de Rembrandt en un museo y tiene una especie de revelación que la lleva a cuestionarse todo lo que hasta ese momento daba por sentado. A partir de ahí, la película comienza a explorar esa transformación personal y cómo una persona puede pasar de sentirse parte de un sistema a cuestionarse completamente su lugar dentro de él.

El guion es un constante diálogo sobre el choque entre arte y ciencia, entre lo humano y lo tecnológico, entre la necesidad de controlar la naturaleza y la realidad de que nunca podremos hacerlo completamente, de cómo vivimos en una época donde sabemos que existen problemas, pero seguimos funcionando como si nada estuviera ocurriendo. Sin embargo, parece más interesada en explicar sus ideas que en construir una historia alrededor de ellas.
Quiere tocar demasiados temas al mismo tiempo, la crisis ecológica, la energía nuclear, la identidad personal, la relación con el arte, la política y hasta una especie de búsqueda espiritual, pero pocas veces termina de conectarse de una manera natural.

Camille Cottin hace un gran trabajo, es una actriz con una presencia que consigue transmitir esa mezcla de confusión, obsesión y necesidad de encontrar respuestas que tiene el personaje. Romain Duris también tiene momentos interesantes, aunque su personaje se siente más como una herramienta para representar ideas.
Visualmente es donde más se nota la ambición, busca crear una sensación casi hipnótica, mezclando lo cotidiano con algo más extraño, como si Claire estuviera viendo una realidad diferente a la del resto de personas.

Es una película irregular, con una propuesta diferente, pero que no consigue transformar sus grandes preguntas en una historia igual de fuerte. Tiene momentos interesantes y una Camille Cottin que sostiene gran parte del peso emocional, pero también deja la sensación de estar viendo una película que tenía mucho más potencial del que finalmente alcanza.

