3 Butacas de 5

Hay películas que tienen un mensaje muy potente y muy necesario a nivel social, pero que, al centrarse tanto en su mensaje, se olvidan de la cinematografía, y, por lo tanto, de emocionar al espectador. Y este es el caso de Palestina 36.
Esta coproducción entre Palestina, Reino Unido y Francia nos narra los sucesos ocurridos en Palestina en 1936, cuando la resistencia árabe contra el mandato británico crece al mismo ritmo que la llegada de refugiados judíos desde Europa, originando el conflicto y la espiral de violencia que casi 100 años después seguimos sufriendo.

La cinta intenta dar una visión histórica de los hechos, y casi documental en algunos momentos (muy interesante el uso de imágenes reales mejoradas y coloreadas digitalmente). El guion narra cronológicamente todos los hechos históricos y vamos viendo, capítulo a capítulo, como la gestión nefasta de Reino Unido y su defensa del sionismo fue la gran responsable del conflicto. En este aspecto la película es muy educativa porque nos anima a investigar sobre el origen del conflicto y profundizar en sus raíces históricas, políticas e ideológicas, como pueden ser la resolución de la comisión Peel, la Gran Huelga Árabe o la declaración Balfour, todos ellos sucesos muy importantes para entender el trato injusto e inhumano que ha sufrido Palestina en todo este tiempo. Esto, en la película, queda muy claro, porque los hechos son los que son.

Ahora bien, cuando llega el momento de contar esos sucesos históricos en una película, con sus personajes, su desarrollo emocional, su música, su puesta en escena, etc.… la película no está a la altura del mensaje que quiere transmitir. Tiene un montaje caótico y sin pizca de emoción durante la primera hora. Secuencias cortísimas que no aportan nada. Personajes sin profundidad y muy planos (el primer asesinato de un Palestino esta contado con una frialdad emocional por parte de los personajes inentendible). Escenas que parece que se han cortado a mitad sin motivo. Planificación muy básica y sosa (la forma de contar los atentados y los crímenes es como si no tuvieran gravedad). No hay hilo conductor. Todo resulta gris narrativamente hablando. Parece como si faltaran partes de la historia de los personajes. Como si el montador hubiera tenido que comprimir una serie de varios capítulos en una película de 2 horas (de hecho, apostaría a que es lo que ha pasado realmente porque hay decisiones de montaje que no tienen sentido). La sensación es que vemos a los personajes, pero no los conocemos bien ni empatizamos emocionalmente con ellos ni con sus reacciones (los actores también están muy planos todos). Y lo que les pasa es horrible, pero está contado y construido de manera tan “sosa” y rápida que no llegas a emocionarte (la secuencia final tenía que ser algo que te helará la sangre y sin embargo no lo logra). Y es una pena porque la historia lo merece y el mensaje que cuenta es muy necesario.

A esto no ayuda una banda sonora prácticamente inexistente. Algo que me ha dejado totalmente perplejo, especialmente en las escenas más emocionantes. Lo tenía todo para convertirse en una gran banda sonora narrativa y emocionante. Pero no ha sido así. No sé si es falta de presupuesto o una decisión creativa, pero si es lo último yo no lo he entendido.
Todo esto hace que me quede con un sabor muy agridulce después de ver la película. Es una historia muy necesaria y que todos deberíamos ver para entender mejor el conflicto en oriente medio, conocer su origen y comprender la injusticia histórica que se hizo (y que se sigue haciendo) con el pueblo Palestino. Pero cinematográficamente está contada sin fuerza y sin emoción. Y no me puede dar más rabia que haya salido así.

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)
