2 Butacas de 5


Jason Statham ya es un género en sí mismo. El actor, desde que protagonizara la película de acción Transporter (aunque no fue hasta Transporter 2 cuando se convirtió en lo que es ahora), es de los pocos que ha conseguido mantener ese estatus de héroe de acción que en su momento alcanzaron ese trío mítico formado por Schwarzenegger, Stallone y Bruce Willis (quizás más parecido a este último). Y, pese a que ha habido intentos de salirse de ese marco, el público sabe que, si va a ver una película de Jason Statham, sabe sin duda qué es lo que se va a encontrar: una cinta de mamporros para pasar el rato. Su último aporte es El Motín, que se estrena ahora entre nosotros, con un director tan interesante como Jean-François Richet (director del estupendo remake de Asalto a la comisaría del distrito 13), y que aquí tira de piloto automático para ofrecer un producto de acción carne de videoclub.
Cole Reed (Jason Statham) es incriminado injustamente por el asesinato de su jefe multimillonario. Tras embarcarse en un buque de carga para vengar su muerte, destapará una peligrosa conspiración internacional.

El Motín pretende ser una especie de Jungla de Cristal (véase el descarado póster que intenta emular al de la mítica cinta de Bruce Willis), pero dentro de un carguero. Y comparaciones (odiosas) aparte, este filme dista mucho del clásico de John McTiernan. Cierto es que las pretensiones son distintas, pues esta película no disimula en absoluto su falta de ambiciones, siendo consciente en todo momento de que estamos ante una producción que podría estar en cualquier estantería de un (antiguo) videoclub o, en este caso, en el catálogo de Netflix. Y, en ese aspecto, el filme no engaña.
Ahora bien, si buscamos lo que es la acción propiamente dicha (pues, al fin y al cabo, es a lo que venimos), lo cierto es que el filme resulta bastante decepcionante. Durante el 85 % del metraje carece de ella, intentando desarrollar una trama más vista que el tebeo (de la que hasta podemos adivinar los diálogos que van a acontecer en la siguiente escena), mientras vemos a sus personajes huyendo o escondiéndose por los pasillos del propio barco. Y lo cierto es que este esquema termina agotando la paciencia del espectador.

Pues, pese a sus destellos de acción, que no son muchos, el filme termina por resultar demasiado plano y, por momentos, aburrido, por mucha tensión impostada que se le quiera dar o por mucha profesionalidad que intente demostrar su director (que, desde luego, firma aquí su peor película). Todo está construido a partir de los tópicos de siempre, y no habría problema si el filme tuviera nervio o pulso, pero por desgracia no lo tiene.
Solo en sus momentos de acción es donde el filme da el callo, y, aunque sean pocos, al menos ofrece una contundencia muy agradecida que consigue que estas escenas sean de lo más vistosas y brutales, con la sangre llegando al puerto. Cabe destacar la primera secuencia de acción dentro del carguero y el clímax final, los únicos momentos verdaderamente trepidantes de toda la película y los que más destacan dentro del conjunto.
Respecto a las interpretaciones, poco más puedo añadir, pues Jason Statham hace el mismo papel de siempre, uno que podría intercambiarse con cualquiera de sus anteriores personajes y no pasaría absolutamente nada. Anabelle Wallis, por su parte, defiende con mucha corrección y eficacia a su personaje. El resto son meras comparsas a las que el propio Statham tendrá que hacer frente o quitarse de en medio.

Poco más puedo añadir a una película como El Motín, porque poco más tiene que ofrecer. Una cinta de acción que carece precisamente de aquello que debería definirla, pero que posee los mismos ensamblajes de cualquier película protagonizada por Statham: tramas predecibles y personajes prescindibles. Una cinta que, como dije antes, es carne de videoclub, y en la que al propio Jason Statham ya se le empieza a quemar la mecha si sigue explotando esta fórmula y eligiendo proyectos que ya nada aportan a su carrera. Al menos, el filme no se alarga en exceso, cosa que se agradece, pero lo peor que le puede pasar a una película de acción es que resulte sosa y, por momentos, aburrida. Y, aunque en sus escasos momentos de acción consiga el efecto deseado, por desgracia el espectador ya está demasiado inmerso en el hastío como para recuperar el interés.

