'La Constelación del Perro': una reflexión oportuna sin armonía ni personalidad

3 Butacas de 5

El cine es el arte quizá más complejo (en comparación con la música, la pintura o la literatura) precisamente porque aúna multitud de manifestaciones artísticas, y así en una película intervienen muchas partes técnicas y creativas. Para que la película funcione, cada una de estas debe funcionar también adecuadamente, pero incluso el talento por separado de los involucrados en su realización tampoco asegura el éxito.

A lo largo de la historia del cine hay muchos ejemplos de ello, a los que se podría sumar ahora la última película de Ridley Scott. El solo nombre del veterano y celebrado director inspira confianza (aunque es obvio que, pasados los 80 años, ya no es lo que era), apoyado aquí además por un interesante material de base, pues se adapta el best-seller homónimo de Peter Heller (ambientado en un 2035 postapocalíptico donde buena parte de la humanidad ha fallecido por un virus) y un elenco de altos vuelos, con Jacob Elordi a la cabeza, acompañado de Josh Brolin, Margaret Qualley y Guy Pearce (a cargo de respectivos personajes que se prestan bien a sus dotes interpretativas, sin salirse de ningún canon). Sin olvidar, por supuesto, todo el despliegue habitual de una gran producción hollywoodiense.

Con estos elementos, es difícil que el resultado sea incompetente, pero como decíamos tampoco asegura que sea plenamente satisfactorio. La reflexión es oportuna porque da la sensación de que esta cinta confiaba en su resultado simplemente por aunar los elementos antedichos, sin tener en cuenta que estos requieren una voz propia que les de armonía y personalidad. La carencia de ambos se hace patente en un montaje descompensado (con una introducción demasiado larga o subtramas precipitadas) y una puesta en escena en todo momento funcional, sin alardes, lo que redunda en su eficacia, pero provoca, paradójicamente, un aire de rutina en un tipo de historia cuya premisa de ciencia ficción la debería evitar, aunque ciertamente el desarrollo sea arquetípico. Solo una banda sonora de tendencia country (aun siendo menos eficaz por su exceso) y alguna escena con algo más de garra (como el ataque nocturno de los segadores) se salen de la mera sucesión de lugares comunes.

En suma, la película entretiene y mantiene el interés por su saber hacer, por ver en pantalla caras conocidas y por los asideros de un drama/thriller a los que cualquier espectador puede estar acostumbrado. Pero no destaca en ningún momento y se fundirá en el recuerdo con otras tantas películas cuya diferente conjunción de elementos artísticos pudo conducir a resultados análogos.

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