'Una noche al año': Distopía romántica sin terminar el punto de cocción

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El director Will Gluck dirige a Monica Barbaro y Callum Turner en una comedia distópica tremendamente conservadora tras arrasar con ‘Cualquiera menos tú’.

Alguien pensó que podrían juntar en una historia la comedia romántica clásica y el concepto de la película ‘La Purga’ pero cambiando noche de violencia total por noche de desenfreno sexual y que funcionaría. Aquello de en su cabeza sonaba espectacular, pero en la realidad es que no funciona.


En una Nueva York distópica pero no mucho, el Congreso de Estados Unidos aprobó hace tres años un mandato por el cual los solteros no pueden tener relaciones extramatrimoniales excepto una vez al año. Para controlar a la población soltera el gobierno les ha puesto una especie de calcomanía – chip en la parte interna de la muñeca que permanece siempre en color rojo hasta que se pone verde el día en que se abre la veda. Y es en este contexto de yuyu en el que transcurre la historia de la película.

Allie (Monica Barbaro) quiere ser cantante, pero malvive trabajando en publicidad haciendo versiones ñoñas de canciones conocidas convertidas en jingles para anuncios. Está cansada de los ligues efímeros y el día de la apertura de veda quiere encontrar a alguien con quien conectar y que haya algo más.

Owen (Callum Turner) dirige su propia pizzería con la que se gana la vida estupendamente y ha preparado una gran velada con su novia Malika (Maya Hawke) desde hace varios años para la noche del desenfreno con cena romántica incluida. Pero los planes no le salen como le gustaría y ella le dice que esa noche prefiere liarse con el vecino. El pobre Owen se queda destrozado y vaga por Nueva York hasta que se tropieza con Allie. Surge química enseguida típico de las comedias románticas, pero también ocurren desencuentros que los alejan.

Tanto Allie como Owen se pasan la noche tratando de ligar para aprovechar el permiso de desenfreno otorgado por el gobierno, pero conforme avanza la película se vuelve repetitiva en sus encuentros – desencuentros hasta que finalmente se dan cuenta de que la cita que están buscando son ellos.

Los dos protagonistas hacen lo que pueden con unos personajes encasillados en un molde del que no pueden escapar.  Barbaro aporta frescura al personaje pudiendo jugar con la timidez de Allie y su buen hacer cantando varias canciones. Mientras que Callum está algo rígido en su molde de chico bueno con mala suerte amorosa.

La película podría haber explorado muchísimo más esa Nueva York distópica en la que el gobierno se mete en las relaciones íntimas de la gente, pero esto se queda en la superficie, aunque lo poquísimo que sale o mencionan da bastante yuyu. La historia falla en dilatar demasiado que los dos protagonistas queden juntos pecando también de conservadora con respecto a las relaciones sexuales entre solteros.

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