3’5 Butacas de 5

Paolo Virzì vuelve a España con “Cinco segundos” una película sobre la culpa, la depresión y esa búsqueda de redención. Es una historia que comienza triste, y durante los primeros minutos no termina de quedar claro por qué todo se siente así, pero poco a poco, al igual que le ocurre a su protagonista, empieza a encontrar algo de luz. Seguimos a Adriano, interpretado por Valerio Mastandrea, un abogado que después de una tragedia familiar decide alejarse de todo y de todos, mudándose en una antigua finca en la Toscana buscando la soledad, hasta que un grupo de jóvenes ocupa la propiedad para intentar recuperar los viñedos.

La fotografía de Luca Bigazzi acompaña el estado emocional de la trama, al principio todo es más oscuro, más cerrado, los colores son apagados y los planos parecen mantener cierta distancia. Conforme Adriano empieza a relacionarse, las tomas se abren, los colores cambian, hasta la propia puesta en escena transmite que algo dentro de él empieza a moverse.
El problema es que intenta contar demasiadas cosas al mismo tiempo, por un lado, tenemos el drama personal de Adriano, su depresión, la culpa y el juicio al que se enfrenta por la tragedia de su hija. Por otro, está la historia de estos jóvenes que intentan recuperar el viñedo y que terminan formando una comunidad. Es esta mezcla de tonos la que no siempre funciona, hay momentos muy dramáticos en los que la película consigue meterte de lleno en el dolor del protagonista y, de repente, aparece un gag cómico que rompe completamente la tensión, y en lugar de aligerar el ambiente, lo incomoda.

Si hay alguien que sostiene la película es Valerio Mastandrea, Adriano es un personaje gris, deprimido, encerrado en sí mismo y, aun así, Mastandrea consigue darle carisma. Poco a poco vamos entendiendo que detrás de ese hombre frío había una persona distinta, alguien que tenía bondad, pero que quedó completamente transformado por la tragedia.
Hay dos momentos en específico que es donde mejor funciona, cuando finalmente entendemos por qué la película se llama “Cinco segundos” y la manera en la que Mastandrea carga con todo el peso emocional de esa revelación, en su audiencia final.

La culpa es el tema que mejor desarrolla, esa idea de que podemos pasar años intentando encontrar una explicación a algo que ocurrió en apenas “cinco segundos”. Donde pierde fuerza es en cómo decide cerrar sus tramas. La historia del viñedo, que parecía que iba a tener un conflicto importante alrededor de una subasta y la posibilidad de perderlo, se resuelve sin explicación, para darle más importancia a una subtrama que entra con calzador solo para reflejar esa bondad del protagonista.
“Cinco segundos” es un drama con mucho corazón y que tiene buenas ideas, grandes actuaciones y momentos emocionantes, pero también da la sensación de querer abarcar demasiado. Cuando se centra en Adriano y en su viaje personal es cuando mejor funciona, cuando intenta equilibrar ese drama con la parte más ligera de los jóvenes, pierde un poco el rumbo.

