4 Butacas de 5


Lee Chang-Dong estrena su nuevo trabajo 8 años después de su exitosa Burning, que cuenta la historia de “un trabajador despedido y su mujer, que se cruzan en el camino de una realizadora de documentales y su pareja, y se enfrentan a sus deseos ocultos. Cuando sus mundos chocan, se provocan alteraciones en sus rutinas aparentemente estables”.
El aclamado cineasta surcoreano tiene una forma muy personal de hacer cine, y aunque es posible que el espectador medio no se vea muy atraído por ella (hacer cine que retrate de forma verídica la sociedad, pero con cierta poética en sus diálogos y en sus imágenes, con un ritmo pausado), se ha consagrado como uno de los grandes nombres asiáticos dentro del gran cine de autor, y aquí entrega una película a la altura de lo que podíamos esperar de él.

Lo mejor de la cinta son sin duda unos actores entregados al máximo para contar una historia que reflexiona sobre las clases sociales (muy interesante cómo parece que de partida son muy similares ideológicamente ambas familias y después se va desarrollando eso hacia otro lado), utilizando el cine como mecanismo para tensar las relaciones entre personajes, donde cada vez se traspasan más barreras invisibles e incómodas.
Aunque no me acaba de atrapar porque no tiene un gran dilema o contradicción como tenían algunas de sus otras películas, es a través de aparentemente simples diálogos donde es capaz de presentar muchas ideas muy potentes que te enganchan durante los 164 minutos de duración.

Puede que no tenga mucho recorrido en la temporada de premios, pero estoy seguro de que este film saldrá del festival con algún premio bajo el brazo, y ojalá que al estar en plataformas llegue a más espectadores por todo el mundo.

