2 Butacas de 5

Prácticamente Magia se estrenó entre nosotros en 1998 y contaba con un estupendo reparto, cuyas cabezas de cartel eran Sandra Bullock y Nicole Kidman, secundadas por Dianne Wiest y Stockard Channing, en la que encarnaban a unas brujas cuya maldición familiar les impedía enamorarse (pues, si lo hacían, sus respectivas parejas morían). Si me preguntáis por ella, lo cierto es que poco puedo añadir, pues la vi en el mismo año de su estreno, hace casi 30 años, y apenas recuerdo nada de ella. No es que no me entusiasmara, sino que la metí de lleno en el cajón del olvido, pues el film apenas ofrecía una experiencia en su visionado que hiciera mella. Pero, al parecer, los productores opinan lo contrario, pues, casi 30 años después, cuando casi nadie lo estaba pidiendo (o, al menos, eso creo yo, aunque seguramente tendrá su legión de fans), nos llega su secuela con el mismo reparto que la original. Y, sinceramente, una vez visionada, lo cierto es que se podía haber quedado tal como estaba, porque se suma a la lista de segundas partes completamente prescindibles.

Protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman, Prácticamente Magia 2 vuelve a un mundo impregnado de travesuras a la luz de la luna y poderosa magia ancestral, en el que las hermanas Owens deben enfrentarse a la oscura maldición que amenaza con desintegrar a su familia de una vez por todas, en un evento cinematográfico imprescindible lleno de diversión, magia y caos.
El anterior párrafo es la sinopsis oficial del film y lo cierto es que ni es un evento cinematográfico imprescindible (repito, esta secuela llega demasiado tarde) ni, sobre todo, ofrece precisamente diversión y magia, por mucho que sus creadores intenten conseguirlo como buenamente pueden. Ahora, caos… hay un rato. Y es que este film navega entre unos tonos con los que nunca termina de dar en la diana en ninguno, algo que ya ocurría con la original y que aquí se acentúa bastante más. En la parte cómica quizás da más la talla por el compromiso de las actrices, pero no por las situaciones que plantea.

Pues el guion es un popurrí de muchas cosas de las cuales interesan poco o nada al espectador. La trama general de la familia termina convirtiéndose en algo folletinesco, de manera que, a medida que avanza, casi parece una comedia involuntaria, sin profundizar mucho (o casi nada) en los personajes, quedándose en una superficie pretendida que hace que el film te importe lo que viene siendo poco, y aún menos lo que les pase a sus protagonistas.
Pero, para más inri, siendo consciente de lo tontorrona y ligera que pretende ser, el film tiene la «genial» idea de extender su duración durante 130 minutos, que se estiran hasta lo indecible, pudiéndose haber recortado a un metraje de hora y media, y más para el tipo de película que es. Desde luego, habría ayudado en el ritmo que, aunque tanto cargante el alargar situaciones completamente innecesarias y prescindibles.afortunadamente no es soporífero (menos mal), termina pasándole factura al hacer un

A todo ello hay que añadir una puesta en escena de Susanne Bier (¿dónde quedó la directora de En un mundo mejor…?) completamente impersonal y plana (por no hablar de que posee algún momento un tanto ridículo… Pobre Dianne Wiest), aunque es algo que en la original ya era bastante evidente. No aprovecha prácticamente ninguna de las situaciones que se plantean, ni en la parte mágica ni en la parte cómica, que es la que mejor funciona, y no por ella precisamente…
Porque, si algo positivo saco de esta secuela, es que al menos el reparto está estupendo y sabe sacar lo mejor de un guion de lo más trillado y funcional, en especial una Nicole Kidman que parece ser la única que sabe en qué tipo de producto está, tomándose a guasa completamente todo y disfrutando de su excéntrico papel. Ella y Sandra Bullock saben, al menos, llevar sus personajes y defienden bastante bien las situaciones cómicas, lo que salva el trabajo de sus actrices. El resto del reparto está correcto, aunque lo de Maisie Williams aquí… parece que está de paso y puesta por el Ayuntamiento.

Mencionar también una banda sonora de Rupert Gregson-Williams (sustituyendo a Alan Silvestri, al que rinde homenaje musical al final) que apoya a las imágenes como puede y de manera bastante constante, ya solo por el hecho de que se nota que muchas partes del film no funcionaban por sí solas y necesitaban del compositor para darle algo de enjundia al conjunto. Eso sí, por momentos recuerda a las tonalidades de Thomas Newman (y no lo digo como algo negativo, ojo).
Por tanto, Prácticamente Magia 2 es una secuela que nadie había pedido y que era mejor dejarla donde estaba, y mira que la original no era nada del otro mundo. Una cinta que es conscientemente ligera y tontorrona, pero que carece de magia y de humor pese al intento de las actrices de rescatarla como buenamente pueden. Y, sobre todo, que sean conscientes de que cuando un producto no da para más, no hay que estirar el chicle, y menos con una secuela con una duración de 130 minutos completamente innecesarios. Una secuela innecesaria y completamente prescindible.

