'Un Bon Petit Soldat': No te has montado una película, es el estrés laboral

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Funcionando como cuarta entrega de la tetralogía del trabajo de Stéphane Brizé, Un bon petit soldat ha aterrizado en el Festival de Cine de Venecia para buscarse hueco en un palmarés que parecía ya cerrado antes de comenzar el festival. Alba Rohrwacher protagoniza esta película sobre una responsable de recursos humanos en una aseguradora francesa que tiene que lidiar con su estrés laboral y con el del resto de compañeros.

Destacable ya desde el primer segundo, lo que más diferencia a esta película es su montaje rápido y energético en muchos tramos, con bastantes cortes, que lo distancia del montaje y trabajo de cámara usual en el cine social.

Esto es en un principio un añadido fantástico que le da personalidad, añadiendo además algunas secuencias humorísticas muy buenas (una con un rodaje en una oficina, por ejemplo). Pero al final el resultado es extraño, porque cuando quiere ponerse verdaderamente dramática, no acaba de conseguirlo por estos gestos técnicos previos.

 Las actuaciones creo que también se resienten un poco por esto, que, aunque estén a un gran nivel, no veo ni a Rohrwacher o a Lindon a la altura por competir por la Copa Volpi.

Pero en general, la mano de Stéphane Brizé para retratar los ambientes de trabajo y las relaciones entre personajes es innegable. Es una película que derrocha realidad y honestidad en cada plano, y eso ya es mucho más que otras que se han visto competir estos días.

Puede que no sea el mejor trabajo del realizador ni tampoco la mejor película a competición, pero sin duda está a la altura de ella y es una más que buena recomendación para tener en cuenta cuando llegue a carteleras españolas próximamente.

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