4 Butacas de 5

Cada vez es más difícil escribir o realizar una película verdaderamente original (al menos en el circuito comercial, dejando el cine experimental o las videoinstalaciones en una categoría aparte). Casi todo se ha contado ya, de las maneras más variadas posibles, y la originalidad suele consistir en darle una vuelta de tuerca, introducir algún matiz o acentuar alguna rareza, todo ello sobre un material o al menos una premisa ya existente. Incluso lo que de por sí puede parecer original, por extraordinario o alejado de la cotidianeidad, deja de serlo por este motivo, como ocurre con las películas sobre viajes en el tiempo, que constituyen ya un subgénero en sí mismo.

De hecho, sus primeros precedentes se pueden remontar a la época de Georges Méliès, y a lo largo de la historia del cine ha habido ejemplos muy destacados y populares, como Regreso al futuro o Atrapado en el tiempo. También el cine independiente se ha volcado sobre este tipo de historia, siendo dos ejemplos algo más recientes Los cronocrímenes o Más allá de los dos minutos infinitos. Citamos en concreto estos dos títulos, aunque haya muchos más, porque son quizá con los que la película que es objeto de esta reseña guarda más similitudes, por estructura y tono.
5 minutos más, presentada a concurso en esta edición del Festival de San Sebastián, está escrita y coprotagonizada por Berto Romero, lo que ya es un indicio de que tendrá un tono cómico. Pero el humor, por lo general, es muy negro, e incluso se acerca por momentos a una película de terror. En cuanto a la estructura, es por definición reiterativa, con un cierto lapso temporal que se repite, dando pie a una narración cíclica, pero a la vez progresiva, pues naturalmente los personajes tienen que ir avanzando hacia cierta resolución del conflicto. Este, más allá del marco de ciencia ficción que atrapa a tales personajes, tiene que ver con los problemas de pareja que atraviesan los dos principales, interpretados por Romero y Belén Cuesta, y tampoco es original que la eventual resolución del conflicto general esté hilada con la de las rencillas y los rencores que ambos padecen.

De hecho, el propio personaje interpretado por Romero así lo afirma. Por tanto, la película reconoce expresamente sus influencias, pero a partir de ahí, desde el libreto hasta su plasmación visual, las desarrolla, con las oportunas variaciones, de una manera en verdad redonda. La historia, en efecto, va avanzando por caminos a la vez lógicos e insospechados, con ocurrencias geniales, apoyadas en tres intérpretes (el tercero en discordia es Javier Cámara) perfectamente compenetrados. Y la puesta en escena es todo un acierto, pues más allá del virtuosismo de los planos secuencia tiene una coherencia tanto con la estructura narrativa como con el componente teatral del conjunto, muy basado en el diálogo.
En suma 5 minutos más tiene tantas virtudes, desde su capacidad de asombro y entretenimiento hasta su pericia técnica, que su parcial originalidad acaba siendo lo de menos.
