Crónicas desde el Zinemaldia: las emociones traspasan la pantalla

Encaramos la recta final del Festival Internacional de Cine de San Sebastián con varias sorpresas tanto en su sección oficial como en las secciones paralelas. La llegada de Brad Pitt a la Concha se ha mezclado con los nuevos trabajos de directores como Mike Leigh o Martin McDonagh, además de con las óperas primas de realizadores como Javier Giner o Jordan Firstman. ¡Comenzamos!

Mis muertos tristes, de Pablo Larraín

Pablo Larraín ha sido un director que ha pasado por este festival en diversas ocasiones (notablemente con su título Spencer, el cual fue la película sorpresa de la 69 edición del festival). Esta vez, el director mexicano vuelve a la Concha con una cinta (originalmente concebida como una serie para Netflix) protagonizada por unas fascinantes Mercedes Morán o Dolores Fonzi, entre otros. Larraín nos regresa a algo más parecido a Ema en esta película, pero con el humor como principal motor para hablar sobre la muerte y la pérdida. La obra cae de vez en cuando en el humor fácil y tontorrón, pero sabe jugarlo con la fantasía de su trama y sus personajes, tan caricaturizados como accesibles.

Tender Loving Care, de Mike Leigh

Regresamos con otro clásico de la sección oficial del Zinemaldia con Mike Leigh, realizador inglés que ya concursó en el festival con su anterior filme, Mi única familia. Leigh también regresa a sus orígenes y a los temas que más ha tratado a lo largo de su carrera: la familia y las vidas de los ciudadanos ingleses a través de la comedia social. Tender Loving Care no solo no es una excepción, sino que resulta un ejercicio estimulante y gozoso para cualquier tipo de espectador. El humor recorre toda la primera mitad de la cinta mientras se va adentrando poco a poco en el tema a estudio: los cuidados y la importancia del trabajo social dentro de la sociedad inglesa del siglo XXI. Leigh realiza una dirección notable para una cinta sobresaliente. A recalcar el trabajazo de sus cuatro intérpretes (y de Marion Bailey en particular).

Wild Horse Nine, de Martin McDonagh

Martin McDonagh vuelve con uno de sus caballos ganadores como es Sam Rockwell a la sección Perlak del Festival de San Sebastián con este su Wild Horse Nine, cinta que sigue las peripecias de un dúo de agentes de la CIA (formado por Rockwell y un EXTRAORDINARIO John Malkovich, actor que ya se puede ir preparando para el aluvión de premios de este año). La película nos retoma a varios de los temas centrales de su filmografía, como es el caso de la masculinidad o los tejemanejes dentro de las relaciones sociales que establecemos. Tal vez no encontraréis en esta cinta los clásicos momentos de las cintas de McDonagh (aunque también encontramos un par de instantes magníficos), pero sí cuenta con un subtexto y un guion muy pulido, conformado por ese dúo de personajes protagonista que termina dejándote una lagrimita para el final. Para mi gusto, esta cinta no se acerca a las obras maestras que pueden resultar Tres anuncios a las afueras o Almas en pena de Inisherin, pero eso no quita que McDonagh siga sin tener una película mala.

Esta soledad, de Javier Giner

Tras el impacto que resultó para esta ciudad el estreno de la serie Yo, adicto en el Zinemaldia, el director novel Javier Giner vuelve al festival para presentar su ópera prima en la sección New Directors. Esta soledad nos lleva a la vida de una pareja que, pocas semanas después de su ruptura, tienen que comenzar a dejar a un lado sus vidas y enfrentarse a los problemas que les acechan. La cinta cuenta con buenas ideas y una premisa fantástica, a través de un viaje en el que las emociones y los sentimientos traspasan la pantalla. Giner sale airoso de un ejercicio emocional con el que remarca una dirección que ya prometía con su anterior trabajo y dejando claro que es un nombre a tener en cuenta en el futuro de los autores de nuestro cine. 

En el corazón de la bestia, de David Ayer

La razón principal por la que Brad Pitt ha revolucionado las calles de San Sebastián ha sido, nada más y nada menos, que por esta película. En el corazón de la bestia nos traslada a los bosques de Alaska, en el que un ex sargento del ejército estadounidense y su fiel compañero, su perro Odín, tendrán que luchar contra los elementos de la naturaleza si quieren volver a casa. La cinta se ve gustosamente, ya que termina resultando en una aventura que sabe muy bien cómo utilizar sus armas para conquistar al espectador. La cinta consigue que le perdonemos su uso excesivo del flashback o la espantosa glorificación del ejército estadounidense en el fondo de la historia a través de una historia que derrocha cariño, epicidad, con un Brad Pitt que cumple su papel junto a ese GRAN protagonista que es ese perrete. Un entretenimiento que logrará conquistar al público incluso con sus peros.

El debut, de Jesse Eisenberg

Una de las grandes esperanzas de la sección oficial es El debut, nueva cinta del actor-convertido-a-director Jesse Eisenberg que, tras derrochar comedia y emoción con A Real Pain, vuelve esta vez para tratar una historia perfecta para cualquier theater kid que se preste de serlo. Julianne Moore interpreta a una ama de casa que decide presentarse a las audiciones de un musical local que le llevará a hacerse varias preguntas sobre su existencia. Eisenberg juega a la perfección en la dirección con los dos claros tonos con los que cuenta la película, hablando a su vez de la anulación femenina y del fanatismo por los musicales. Parece una carta de amor al teatro desde un punto divertidísimo y, al mismo tiempo, epiquísimo. Moore cautiva con una de las mejores interpretaciones del año y de su carrera, cargando toda la película sobre sus hombros y saliendo airosa con un papel complicadísimo. Estamos ante una de las mejores películas del año.

Club Kid, de Jordan Firstman

Hay muchas veces que estás viendo una película por primera vez, y comienzas a sentir que esa misma cinta va a convertirse en una de tus películas favoritas. Eso justo me pasó a mí con Club Kid, la ópera prima de Jordan Firstman que, tras pasar por Cannes gloriosamente, venía a San Sebastián con muchas expectativas. Spoiler: las ha cumplido todas. Club Kid es una cinta preciosa, divertidísima, con un guion afiladísimo que sabe navegar entre la emoción, los chistes y la cultura pop, a través de la tierna historia entre un padre gay y su hijo que calienta el corazón incluso al espectador más cínico. Con la trama y el trasfondo social de drogas y alcohol con el que cuenta, es increíblemente sorprendente como esta película logra no caer en la brocha gorda y la miseria de sus personajes, dejando su espacio para el humor y, también, para la conquista de la llorera. Firstman es un prodigio tanto en la interpretación como en la dirección. Es la cinta que más podría recomendar de toda esta edición del festival.

Sants, de Mikel Gurrea

El anterior trabajo de Mikel Gurrea, Suro, también concursó en el Festival de Cine de San Sebastián hace tan solo unos cuantos años. Ahora, el realizador vasco vuelve con Sants, una historia sobre una joven que, para ayudar a su madre gravemente enferma, se verá envuelta en un círculo vicioso de criminalidad alrededor del arte religioso. En mi opinión, Gurreasabe equilibrar muy bien la parte familiar y de thriller con la que cuenta su trama, pero viendo el cuadro al completo se siente que se queda a medio gas. La dirección con la que cuenta Sants resulta de lo más resultona, sobre todo cuando respecta a todas aquellas escenas más de temática de acción. Victoria Luengo destaca una vez más en lo que llevamos de año, con una interpretación que desprende verdad en cada una de sus escenas. Aun así, añoro algunos de los momentos que nos dejó Suro y que se quedaron en la memoría del espectador. 

Fjord, de Cristian Mungiu

Y llegamos a uno de los platos fuertes del festival para concluir esta tercera crónica. Ya es tradición que la Palma de Oro pase por San Sebastián, y con Fjord no podía ser menos. La última película de Cristian Mungiu nos plantea un dilema y un duro debate a través de la historia de una familia rumana que llega a Noruega, cuyos padres son acusados de realizar malos tratos a sus hijos. A partir de ahí, Mungiu juega con el espectador en un juego de verdades y mentiras, de debates morales y religiosos en los que se pone en duda los extremos a los que puede llegar la religión y la dudosa falta de rigor de los especialistas en servicios sociales de Noruega. Mungiu dirige fantásticamente bien con un guion finísimo, hecho para el espectador más crítico. ¡Una cinta fantástica!