1’5 Butacas de 5

Verity: la sombra de un engaño es, en pocas palabras, una sombra de lo que podía haber sido: un thriller dramático con giros de guion sobreexplicados, un reparto de estrellas (Anne Hathaway, Josh Hartnett, Dakota Johnson) cuya interpretación se ve gravemente perjudicada por la torpeza de sus personajes y un tono irregular que no sabe si quiere ser un thriller oscuro al estilo de Gone Girl o un ejercicio erótico con momentos ridículos e intencionadamente cómicos, como Cincuenta sombras de Grey.
Una escritora de menor renombre, Lowen Ashleigh (Dakota Johnson), es contratada por el atractivo Jeremy Crawford (Josh Hartnett) para ser la escritora fantasma de su esposa Verity (Anne Hathaway), una autora de best sellers que ha quedado impedida tras un accidente fatal. Para terminar las novelas que Verity ya habia empezado, Lowen ha de pasar un tiempo en la residencia de los Crawford, una mansión aislada con un lago helado como paisaje.

La premisa resulta atractiva desde el principio, pues las novelas de Verity son oscuras y juegan constantemente con el concepto de qué es verdad y qué no, como la propia película.
¿Está Verity fingiendo estar paralítica? ¿Están sus novelas basadas en hechos reales? ¿Por qué Lowen es elegida para terminar las novelas y no otra persona? El mayor pecado del cine de intrigas es la incapacidad de sus personajes para esconder adecuadamente sus secretos y desgraciadamente, la trama no tarda demasiado en desvelar estas respuestas, dando más importancia a desenmascarar a sus personajes que a generar incógnitas.

El registro actoral se sitúa mayoritariamente en el melodrama, con pausas dramáticas incómodas y cargadas de connotaciones sexuales, diálogos que huyen del subtexto y exponen directamente las intenciones de sus personajes y una dirección de actores propia del telefilme de sobremesa o incluso de la telenovela. La sobreactuación, en estos casos, se traduce en miradas de desconcierto e incomodidad entre los espectadores.
Con todo esto, la película se construye como un producto guilty pleasure consciente de sí mismo, y eso no está del todo mal. Las escenas más cercanas al erotismo funcionan como entretenimiento palomitero, los momentos de warning: blood resultan impactantes cuando el objetivo es entrar en un estado constante de shock sin demasiado análisis y hasta el misterio sobre la vida de Verity y su accidente puede conquistar a más de uno. El problema es que, a medida que la película avanza, resulta cada vez más difícil distinguir entre el misterio y el simple jugueteo de la película por mantenernos constantemente en vilo.

El gran misterio de Verity nunca es lo suficientemente potente. Todo es un envoltorio atractivo, con actores atractivos, pero sin demasiada sustancia. El erotismo y el morbo que puede suscitar una historia trágica son los únicos factores a favor del filme; todo lo demás es un engaño dentro de un engaño cuya última capa resulta mucho menos atractiva que la primera.
