4 Butacas de 5

Es de admirar cómo sigue funcionando Godzilla después de tantas décadas. Diría que incluso mejor que cualquier monstruo de Universal o que el propio King Kong. Lejos de las ataduras de Hollywood, el animal encuentra su mejor acomodo cinematográfico en el lugar donde nació, y ese no es otro que Japón. A pesar de ser considerado una frikada en Occidente, en el país del sol naciente se toman muy en serio a Godzilla, y en esta película no iba a ser menos.

“Godzilla Minus Zero” es un producto con un acabado impecable, al igual que su predecesora, que recoge tanto las claves de la monster movie clásica como las del mejor cine bélico. Resulta curioso el rigor y la seriedad con los que se aborda a Godzilla como una crisis humanitaria, casi como si se tratase de un tifón cuyos daños solo se pueden intentar mitigar. Su mayor acierto está en tratar con mucho respeto el factor humano, apoyándose en unos buenos personajes, en lugar de limitarse a mostrar a un grupo de kaijus dándose mamporros, como sucede en las películas de la franquicia de Hollywood.
Esa mezcla entre realismo político y militar, presente en la manera de plantear la lucha contra Godzilla, y el desarrollo de unos efectos especiales que dotan al animal de una apariencia alejada del realismo convencional, con una textura y una composición visual similares a las de las primeras películas de la franquicia nipona, hacen que la cinta gane muchos enteros. No se avergüenzan de su cine, sino que lo elevan a la máxima potencia.

Por eso, convertir esta película en un drama épico de época, marcado por los vestigios de la Segunda Guerra Mundial, le da todo el sentido al propio origen del monstruo. La metáfora está clara para cualquier espectador y, a pesar de ello, la película resulta muy entretenida. La complejidad de la lucha contra Ghidorah, el gran némesis de Godzilla, va creciendo con el paso de los minutos, hasta convertirlo en una amenaza alada capaz de vomitar rayos eléctricos. Las escenas aéreas son brillantes y, al igual que sucedía con su predecesora, resulta increíble lo que se puede conseguir con un presupuesto mínimo, pero mucho ingenio.

A pesar de ello, esta secuela es más grande que su predecesora, tanto en escala como en ambición narrativa. Y aunque haya perdido el factor sorpresa de la anterior, algo completamente normal, mantiene firme su propuesta y nos muestra cómo han continuado sus vidas los personajes un par de años después, hasta que Ghidorah empieza a hacer de las suyas.
Así que, tanto si te gustan las historias de este perfil como si no, merece la pena acudir a las salas, porque “Godzilla Minus Zero» vuelve a demostrar que en Japón saben perfectamente cómo sacar partido a su monstruo más emblemático. Una secuela más ambiciosa, entretenida y estimulante que confirma que Godzilla sigue teniendo mucho que ofrecer. Que aprendan en Hollywood.
