‘Ramayana: el nacimiento de una leyenda’: Una majestuosa épica de fantasía de Bollywood…que se pasa de duración y de épica

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Bollywood es un género que en España todavía no ha encontrado su público. Este cine, proveniente de la India, posee un nicho pequeño en nuestro país, pero todavía no se encuentra en un estado de implantación como en Estados Unidos, donde sus producciones se estrenan en las salas con (en algunos casos) exitosos resultados. La última producción de este tipo que tuvo más o menos cierto éxito en nuestro país fue RRR, pero más por la excelente campaña de Netflix y el buen boca a boca que recibió. Pero no se preocupen… que ahora llega a nuestras pantallas la superproducción más cara de la India: Ramayana: El nacimiento de una leyenda, una epopeya enorme de tres horas (cuidado con esto: 2 horas y 45 minutos la versión estrenada en cines y 3 horas y 15 minutos el montaje del director, que es el que pude visionar) que, desde luego, no se esconde a la hora de intentar ser la mayor megaproducción jamás contada…

Rama es el más grande de todos los tiempos porque vivió una vida en la que las decisiones que tomó fueron siempre en beneficio del bien mayor, del deber por encima del deseo y del sacrificio por encima del yo. Su legado sigue mejorando y fortaleciendo a la humanidad a lo largo del tiempo, aportando la creencia en la bondad del espíritu humano para resolver todos los conflictos y traer la paz al mundo.

Y digo «intenta» porque Ramayana, cosa que deberían indicar en su promoción… es un supuesto díptico. Lo que aquí vemos, durante sus extensas tres horas y cuarto, es una primera parte que deja el clímax completamente abierto. Lo aviso para que el espectador no se lleve las manos a la cabeza, como me pasó a mí, al ver que la película, después de casi más de tres horas de proyección, no termina y deja todo su clímax para la supuesta segunda parte.

Y es que, digámoslo así, a Ramayana le sobra metraje a punta pala, pues, después de una estupenda primera hora de presentación de personajes y conflictos (y cargadísima de efectos visuales… no hay un solo plano que no posea alguno), el filme se queda estancado en el mismo sitio durante demasiado tiempo a la hora de centrarse en su personaje principal, alargando escenas innecesarias e introduciendo alguna subtrama que lo único que hace es pisotear el (estupendo) ritmo que la película estaba marcando. Pues, tras una primera hora de pura épica (quizás demasiada) y fantasía, la película se decanta más por subtramas palaciegas forzadas hasta la médula y una historia romántica rimbombante a más no poder. Al menos, durante su última hora se recupera un poco, pero es cierto que el espectador termina algo agotado del conjunto.

No me importaría nada de esto si el filme, al menos, aceptase su condición de divertimento, y seamos claros: lo hace. Pero lo hace con una solemnidad y una epicidad tan exacerbadas que consigue que la película se tome demasiado en serio y no dé cabida al divertimento pleno. Y es algo que he echado en falta en esta superproducción de Bollywood, que intenta asemejarse más a las producciones de Occidente (más a las épicas de fantasía como El señor de los anillos o El hobbit… Se acerca más a esta última, sin duda) que a las suyas propias, dejando un poco de lado la diversión y el no tomarse tan en serio las cosas en favor de una épica y una solemnidad constantes que terminan matándola un poco (sobre todo porque te interesa bien poco lo que les pueda pasar a sus personajes, que parecen estar escritos por un niño de 10 años).

Ahora bien, el filme luce como lo que es: la producción más cara de su país. El diseño de producción de la película es IMPRESIONANTE, con unos escenarios majestuosos cuya fotografía se aprovecha de pleno y con un trabajo de vestuario y maquillaje soberbio, en el que se nota lo invertido en ella. A todo ello hay que añadir unos efectos visuales casi incesantes (ya os digo, en la primera hora apenas hay un plano donde no haya algún efecto visual) que son mejores de lo esperable y que se integran a la perfección en el mundo de fantasía y épica que la película propone.

Cabe destacar también una notable banda sonora de A. R. Rahman junto con Hans Zimmer, que pone la guinda al pastel y acompaña de manera casi persistente la épica que necesita la película. Desde luego, la música de estos compositores la respalda con gran rotundidad, de manera sólida y consecuente con lo que quiere ser el filme.

Respecto a las interpretaciones… pues seamos claros: no es un subgénero donde las interpretaciones sean lo más destacable (es más, el protagonista y su partenaire… no cambian de expresión en casi toda la proyección), pero me gustaría destacar el carisma del villano de la función, interpretado por Yash, pues es cierto que, con cada aparición suya, todas las miradas recaen sobre él.

Por tanto, Ramayana: El nacimiento de una leyenda es una épica de fantasía de tres horas (depende de la versión que veas) con algunas de las imágenes más bizarras que podrás ver este año (ese elefante alado), pero que adolece de una seriedad que termina por fagocitarla. Y es que sus más de tres horas se antojan, sin duda, excesivas, y más para ser la primera parte de un díptico. Pero, al menos, no hay que negarle la desmesurada ambición del proyecto, donde se nota y se hace notar que es la película más cara de la India, con un acabado audiovisual espectacular (las escenas de acción lucen MUY bien y son bastante eficaces) y, por momentos, impresionante. Tendremos que esperar a 2028 para ver cómo finaliza esta historia… aunque espero que tenga un poco más de mano con la duración y un poco más de tijera.

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