‘Whalefall’: engullido por la culpa

3’5 Butacas de 5


Encontrar la manera de despedirse de un ser querido puede ser complejo, arduo e incluso imposible. Prepararse para la pérdida no es tarea fácil y haberse enfrentado a ella con demasiada distancia de por medio provoca que, en la mayoría de los casos, hayan quedado heridas abiertas, conversaciones inacabadas y un profundo sentimiento de culpa. Whalefall ahonda en el sufrimiento de la pérdida en una aventura aterradora en la que un hijo necesita despedirse de su padre.

Tras la muerte de su padre (Josh Brolin), Jay Gardiner (Austin Abrams) se sumerge en la costa central de California en busca de sus restos. Durante la inmersión, Jay es engullido por un enorme cachalote. Atrapado en su interior y con solo una hora de oxígeno restante, Jay se da cuenta de que las lecciones que su padre le enseñó pueden ser la clave para escapar.

Después de la sorprendente, innovadora y terrorífica Nadie te salvará (2023, disponible en Disney +), Brian Duffield se embarca en la adaptación del libro homónimo que sigue la terrible experiencia de un joven buceador durante una agónica hora de su vida en la que deberá encontrar la manera de escapar con vida del interior del enorme mamífero. Whalefall es una experiencia claustrofóbica que sumerge al espectador en una aventura emocionante.

La película ancla su valor en una puesta en escena bien calculada y unas interpretaciones que convierten un relato anecdótico en algo más.  Whalefall funciona en la medida en la que todos los elementos están equilibrados para brindar a los espectadores una historia que los conmueva al mismo tiempo que los haga pasar un mal rato. La cinta bebe de las historias de supervivencia solitaria como Buried (Rodrigo Cortés, 2010) o 127 horas (Danny Boyle, 2010), pero se diferencia de ellas al explorar el drama que recorre la problemática relación ente un padre y su hijo dotando al relato de un simbolismo y una fuerza dramática que elevan la propuesta por encima del cliché.

Whalefall no inventa la rueda, pero logra sortear la previsibilidad de este tipo de relatos de supervivencia a través de unas buenas interpretaciones y un gran trabajo de cámara. Con esta película Austin Abrahams se posiciona como un actor con un gran potencial. Whalefall es una película muy entretenida que, mientras nos hace pasar un mal rato, ahonda en las profundidades de una relación rota marcada por la culpa.

‘Kakeru’: Inteligencia Artificial según Kooreda

3 Butacas de 5

No sé si somos conscientes de lo importante que fue para el género de la ciencia ficción la película Inteligencia Artificial, dirigida por Steven Spielberg y escrita por el entonces ya fallecido Stanley Kubrick. En ella, veíamos un futuro en el que los robots convivían con los humanos, hasta el punto de que un nuevo modelo de robot «niño» hacía su aparición en el mercado. Uno de estos modelos es acogido por una familia, que posteriormente lo abandona, para luego, como el mismísimo Pinocho, buscar la manera de convertirse en humano. En ella encontrábamos una declaración abierta sobre aquello que nos define como seres humanos (tanto para lo bueno como para lo malo), y parece que el director Hirokazu Koreeda (estupendo director donde los haya) ha querido hacer su propia versión sobre el tema en su última película, Kakeru, que bebe mucho de la cinta de Steven Spielberg.

En un futuro cercano, una pareja marcada por la pérdida de su hijo acepta acoger en casa a un niño humanoide creado a su imagen mediante inteligencia artificial. Lo que empieza como un intento desesperado de aliviar el dolor se convierte en una nueva vida familiar, tan luminosa como inquietante. ¿Puede la tecnología devolvernos a quienes amamos?

Como he dicho en párrafos anteriores, Kakeru bebe mucho de la película escrita por Kubrick, y creo que ese es su mayor lastre, pues en todo momento da la sensación, sobre todo durante su primera mitad, de que esta historia ya nos la han contado antes, e incluso mejor. Eso no quita para que el filme resulte interesante en todo momento, pues finalmente se distancia de aquella en cuanto al tono, más pausado e íntimo, pero igual de reflexivo.

Koreeda siempre tiene el don de hacer magia con la naturalidad y, en ese aspecto, Kakeru sigue funcionando, a pesar de su trama de ciencia ficción. Su ritmo pausado, pero siempre firme, consigue mantener al espectador en un estado de trance en el que no puede apartar la mirada de la pantalla, gracias al excelente control que tiene el director sobre la producción. Y, en ese aspecto, Koreeda es único en su arte.

El mayor problema que le veo al filme, más allá de que recuerde en buena parte de sus momentos a Inteligencia Artificial, es que hay una trama secundaria (y es precisamente aquí donde más se distancia de la película de Spielberg) que deja aparcada en un segundo plano para luego darle importancia en su último tercio. Y es una pena, porque precisamente en esa trama hay una historia interesantísima que el filme apenas desarrolla ni profundiza (la de los robots valiéndose por sí mismos). Cuando termina, da la sensación de que la verdadera historia, la más interesante, estaba precisamente ahí.

Porque, como digo, el resto, pese a que funciona, ojo, da la sensación de ser algo ya visto. Eso sí, en esta ocasión, la película se centra más en el sentimiento de culpa de cada uno de los personajes que la pueblan (incluidos los propios robots), desarrollando correctamente sus miedos e inseguridades. También hay un subtexto interesante sobre el abandono infantil, aunque tampoco parece que le interese profundizar demasiado en él. Aun así, lo que aborda es suficiente para tratar el tema con la elegancia que caracteriza a la película.

Por lo demás, cabe destacar el buen gusto de Koreeda a la hora de manejar todos los elementos de la película: desde un ritmo pausado, pero firme, hasta las magníficas interpretaciones de todo su reparto, pasando por una preciosa banda sonora de Taku Matsushiba (de lo mejor de la película y que le aporta el toque íntimo perfecto) y unos efectos visuales muy bien integrados en el filme, de los que no abusa en ningún momento.

Por tanto, Kakeru es una película que desprende la esencia del cine de Koreeda, pero cuyo mayor lastre es que ya existe una obra similar, Inteligencia Artificial, de la que bebe muchísimo, tanto en su planteamiento como en ciertas estructuras argumentales. Es cierto que se diferencia de ella en el tono, mucho más íntimo y con los pies en la tierra (es decir, más creíble), pero me daba la sensación constante de que esto ya lo había visto antes y mejor. Pese a todo, como digo, es una película interesante y bonita, como todas las de Koreeda, y que, desde luego, no decepcionará a quienes disfruten de su cine (como es mi caso).