3 Butacas de 5

No sé si somos conscientes de lo importante que fue para el género de la ciencia ficción la película Inteligencia Artificial, dirigida por Steven Spielberg y escrita por el entonces ya fallecido Stanley Kubrick. En ella, veíamos un futuro en el que los robots convivían con los humanos, hasta el punto de que un nuevo modelo de robot «niño» hacía su aparición en el mercado. Uno de estos modelos es acogido por una familia, que posteriormente lo abandona, para luego, como el mismísimo Pinocho, buscar la manera de convertirse en humano. En ella encontrábamos una declaración abierta sobre aquello que nos define como seres humanos (tanto para lo bueno como para lo malo), y parece que el director Hirokazu Koreeda (estupendo director donde los haya) ha querido hacer su propia versión sobre el tema en su última película, Kakeru, que bebe mucho de la cinta de Steven Spielberg.

En un futuro cercano, una pareja marcada por la pérdida de su hijo acepta acoger en casa a un niño humanoide creado a su imagen mediante inteligencia artificial. Lo que empieza como un intento desesperado de aliviar el dolor se convierte en una nueva vida familiar, tan luminosa como inquietante. ¿Puede la tecnología devolvernos a quienes amamos?
Como he dicho en párrafos anteriores, Kakeru bebe mucho de la película escrita por Kubrick, y creo que ese es su mayor lastre, pues en todo momento da la sensación, sobre todo durante su primera mitad, de que esta historia ya nos la han contado antes, e incluso mejor. Eso no quita para que el filme resulte interesante en todo momento, pues finalmente se distancia de aquella en cuanto al tono, más pausado e íntimo, pero igual de reflexivo.

Koreeda siempre tiene el don de hacer magia con la naturalidad y, en ese aspecto, Kakeru sigue funcionando, a pesar de su trama de ciencia ficción. Su ritmo pausado, pero siempre firme, consigue mantener al espectador en un estado de trance en el que no puede apartar la mirada de la pantalla, gracias al excelente control que tiene el director sobre la producción. Y, en ese aspecto, Koreeda es único en su arte.
El mayor problema que le veo al filme, más allá de que recuerde en buena parte de sus momentos a Inteligencia Artificial, es que hay una trama secundaria (y es precisamente aquí donde más se distancia de la película de Spielberg) que deja aparcada en un segundo plano para luego darle importancia en su último tercio. Y es una pena, porque precisamente en esa trama hay una historia interesantísima que el filme apenas desarrolla ni profundiza (la de los robots valiéndose por sí mismos). Cuando termina, da la sensación de que la verdadera historia, la más interesante, estaba precisamente ahí.

Porque, como digo, el resto, pese a que funciona, ojo, da la sensación de ser algo ya visto. Eso sí, en esta ocasión, la película se centra más en el sentimiento de culpa de cada uno de los personajes que la pueblan (incluidos los propios robots), desarrollando correctamente sus miedos e inseguridades. También hay un subtexto interesante sobre el abandono infantil, aunque tampoco parece que le interese profundizar demasiado en él. Aun así, lo que aborda es suficiente para tratar el tema con la elegancia que caracteriza a la película.
Por lo demás, cabe destacar el buen gusto de Koreeda a la hora de manejar todos los elementos de la película: desde un ritmo pausado, pero firme, hasta las magníficas interpretaciones de todo su reparto, pasando por una preciosa banda sonora de Taku Matsushiba (de lo mejor de la película y que le aporta el toque íntimo perfecto) y unos efectos visuales muy bien integrados en el filme, de los que no abusa en ningún momento.

Por tanto, Kakeru es una película que desprende la esencia del cine de Koreeda, pero cuyo mayor lastre es que ya existe una obra similar, Inteligencia Artificial, de la que bebe muchísimo, tanto en su planteamiento como en ciertas estructuras argumentales. Es cierto que se diferencia de ella en el tono, mucho más íntimo y con los pies en la tierra (es decir, más creíble), pero me daba la sensación constante de que esto ya lo había visto antes y mejor. Pese a todo, como digo, es una película interesante y bonita, como todas las de Koreeda, y que, desde luego, no decepcionará a quienes disfruten de su cine (como es mi caso).
