‘El Otro Guardaespaldas 2’: Si se hubiera hecho hace 25 años, sería la hostia

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Y es que esa es la sensación principal con la que sales del cine.

¿Es divertida? Sí, mucho.

¿Tiene acción bien rodada? Sí, sin duda.

¿Tiene un elenco haciendo bien su trabajo? Pues la verdad es que también.

Pero…

La sensación es que, mientras que la primera peli fue un soplo de aire fresco original e innovador, este segundo intento sobrevive a base de repetir fórmulas más que manidas en 30 años de cine de acción con tintes cómicos.

Coge tu poquito de DIE HARD, tu poquito de BAD BOYS, tu poquito de MISIÓN IMPOSIBLE… agita y tienes esto. Eso hace que, sinceramente, si en un mes me preguntan por un momento de la película acabe contestando: la verdad es que no me acuerdo de ninguno en concreto destacable, era divertida eso sí.

Pero si me preguntas hoy por un gag de BAD BOYS, un chascarrillo de John MacClane o una escena de acción de MI te sabría contestar con 100 ejemplos.

En definitiva, a esta segunda parte le falta alma, tirando un poco por tierra todo lo que consiguió su antecesora.

Hubo un momento en el que desee (cuando la veáis sabréis qué momento es) que apareciera el mismísimo Kevin Costner para tener ese gran momento deseado por el que valiera la pena todo lo demás, pero no nos lo regalan, lo siento.

Se nota demasiado que es película del género “pagar la letra de la hipoteca” de todo el reparto. Eso sí, se nota también que se lo han pasado bien.

El problema es que lo que era gracioso al principio en el caso de Ryan Reynolds, ya empieza a resultar un poco cansino.

 ¿Soy el único que tiene la sensación de que toda su filmografía reciente consiste en las locas aventuras del mismo personaje en diferentes situaciones?

Ahora mismo no sabría decirte diferencias entre este Michael Bryce, con el ONE de “6 UNDERGROUND” o el Nick Walter de RIPD. De hecho, coge a los tres anteriores, quémales la cara y tienes a DEADPOOL.

Básicamente es darle muchos chascarrillos, ponerlo a correr y dar tiros, y convocarlo a varias jornadas de postproducción para hacer su característica voz en off sarcástica y gamberra.  Ojo, que todas las citadas me encantan, pero está ya en el límite del encasillamiento extremo, si no lo ha superado ya.

Incluso al malo malísimo, interpretado correctamente por Banderas, le falta personalidad, cayendo en viejos tópicos de diseño de personaje en el propio guion, no dándole un por qué claro con el que trabajar. El callo extremo de nuestro Antonio lo solventa, pero se queda en un villano destinado al olvido por su pobre diseño.

Un error común al diseño de todos los personajes, no salvándose ni Morgan Freeman. Insisto, cogiendo a este elenco y dejándoles pasárselo bien, mal no te va a salir la jugada nunca, pero de aquí a un año uno dirá “Creo que sí que la he visto…¿en esa salía Salma Hayek no? ¿No era la que salía también Denzel Washington?

En definitiva, una gamberrada que cumple con su función de entretenimiento (que no está nada mal) pero que se os olvidará a los 5 minutos de salir del cine. De hecho yo he escrito esta crítica 4 días después de verla y he tenido que hacer un ejercicio fuerte por recordar momentos, teniendo que optar más por sensaciones, porque sinceramente no recuerdo mucho. Pero gracias por el buen rato, un poco largo quizás para lo que era.

‘El poeta y el espía’: versos contra el fascismo

3 Butacas de 5

Las películas biográficas son siempre relatos fascinantes con los que se conocen partes de la historia. Hemos visto desde retratos de personas importantísimas, hasta eventos sobre lo que ha acontecido en el mundo. Guerras, relaciones amorosas e incluso hechos históricos que serán recordadas por nuestra memoria cinematográfica.

‘El Poeta y el Espía’ es una parte de la historia italiana, en concreto del fascismo italiano que cabalgó a lomos del monstruo Benito Mussolini. El largometraje nos sitúa en la Italia de 1936, presentándonos a Giovanni Comini, el cual acaba de ser ascendido al cargo de Federal, el más joven de los camisas negras. Su espíritu conservador y hambre de seguir escalando puestos, le hacen ser traslado a Roma para hacer de espía del escritor Gabriele D´Annunzio, una de las figuras de la poesía italiana que se muestra inquieto ante la alianza de Mussolini con la Alemania nazi de Hitler.

La película no se rige en su totalidad por los renglones biográficos de toda película del género. Estamos ante una historia puramente de personajes. Un estudio sobre la dualidad de sus dos protagonistas, Sergio Castellito (Gabriele D´Annunzio) y Francesco Patané (Comini), quienes a lo largo del metraje iremos descubriendo en profundidad, además de como uno y otro van profundizando en la personalidad individual, y a la vez interpelando a sus creencias.

Dirigida por Gianluca Jodice, el largometraje es llamativo en cuanto al duelo en la distancia de sus protagonistas, y de cómo tratan de traspasar las ideas fascistas de Mussolini. Aunque las actuaciones son muy correctas, es cierto que la película carece de un ritmo de envergadura, provocando que el film decaiga en algunos momentos, provocando que tanto dejar posar al largometraje, se convierta en un bostezo del espectador como respuesta. Tampoco hay riesgo a la hora de construir la fotografía, muchos planos abiertos y primeros planos de sus protagonistas que no dejan tampoco disfrutar de ello.

La figura de D´Annunzio es la más llamativa de la película. Desde su egolatría, el individualismo y por supuesto su apetito sexual, dejando esto último patente en un par de escenas. Castellito es el alma del film, logrando que entendamos como el poeta era tratado como un Dios en lugar de un escritor de fama. En cambio la de Comini, pierde fuerza debido a una trama romántica que se le presenta.

Otro de los aspectos positivos del film es el estudio de la literatura ante el fascismo. De como el carisma y la labor de las letras pueden ser vistas como armas terribles por los que tenían el poder, llegando incluso a la obsesión de propio Duce. Obsesión e insistencia, todo llevado al extremo de la censura en muchos aspectos y visto al poeta como enemigo en vez de aliado.

‘El poeta y el espía‘ es una película que no pretende pasar a la historia, pero sí ofrece un interesante duelo en la personalidad de dos personas absolutamente diferentes y de como las letras pueden cambiar el mundo e incluso al alma del ser humano. Ya lo dijo Cervantes: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho«.