‘La Nube’: La alegoría macabra del ciclo de la vida

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La Nuée (La Nube) viene de la mano de Just Philippot como cine de primera calidad. Esta es una historia original, fresca e innovadora escrita por Franck Victor y Jérôme Genevray, cuyo guion puede encontrar algunas similitudes con películas como “Los Pájaros”, de Alfred Hitchcock, o “Sucesos en la IV Fase”, de Saul Bass. La fotografía de Romain Carcanade abruma durante toda la película y su luz transmite naturalidad desde el principio. Es cálida y reconfortante, pero también azul y tibia cuando acecha el peligro y el horror.

El montaje de Pierre Deschamps es simplemente sensacional, golpea con el sonido e impacta en los momentos más inesperados. Mención especial ha de recibir Vincent Cahay, compositor de la banda sonora original de la película, que participa como un crescendo continuo que se convierte en un muro de sonido angustioso; en una “nube” de estupor que impera en el filme.

El drama es protagonizado por Suliane Brahim (Virginie), quien está brillante y transmite de manera casi transparente el dolor y sufrimiento de una madre soltera que da su sangre y su vida por sacar adelante el proyecto de su difunto amor, por mantener a sus hijos. Ello sumado a la dificultad que supone respetar el medio ambiente. La conmoción está asegurada. Su interpretación, junto con la de Marie Narbonne (Laura) son una de las piedras angulares de la película.

El pulso narrativo de La Nube es cuanto menos, extraordinario, el texto es realista, su ambientación natural y apacible, pero comienza a adquirir tintes tétricos y psicodélicos conforme avanza el metraje.

A pesar de las referencias a historias anteriormente citadas, La Nube no es una película de terror, es una analogía de una inteligencia emocional de lo más notable, que construye su propio sentido; es una dramática relación de una madre con sus hijos entre los que se incluyen sus saltamontes, en los cuales habita el espíritu de su marido.

La nube es la frustración que se alimenta de ella, que la carcome y la va despedazando poco a poco, la nube es su estado mental y anímico, y todo ello subyace a una idea que para muchos puede llegar a ser desconocida: la belleza que reside en la crueldad de la naturaleza, siempre cíclica.

De entre todas las preguntas que nos puede suscitar la película, esta puede incluso llegar a formar parte de una lección para todos nosotros, pone al ser humano frente a un espejo, en el que vemos cómo nos comportamos con la naturaleza y cuál es el camino que seguir.

Por supuesto, su estancia en el Festival de Sitges es meritoria. Es perspicaz, sensible, terrorífica y merece la pena verla, dejando a un lado nuestras fobias a los insectos.

La BSO de ‘Un efecto óptico’, compuesta por Nick Powell, disponible en iTunes y Spotify

Según Nick Powell “esta música sirve como banda sonora de la película Un efecto óptico y también de la otra película en la que los protagonistas se ven atrapados. Juan y yo acordamos desde el principio que estaría muy presente en todo el metraje e incluso “excesivamente presente”.

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Nick Powell (nickpowell.online) es un músico londinense que aparte de música pop y rock compone para la Royal Shakespeare Company y fue el diseñador de sonido del montaje de “Wolf Hall” en Broadway, donde también compuso la música de “The Lehman Trilogy” dirigida por Sam Mendes.

Además ha puesto la música de eventos especiales como el 20 aniversario del Guggenheim Bilbao o la inauguración del Festival Internacional de Edimburgo en 2017.

“Conocí a Nick a través de Andrés Lima trabajando juntos en “Urtain” y después le pedí música para “Dispongo de barcos” y “Gente en sitios”, dice Juan Cavestany. “Para Un efecto óptico “ ambos queríamos llevar a cabo una colaboración más intensa, a partir del guion mucho antes de rodar, para crear una banda sonora más ambiciosa que ha acabado ocupando más del 90 por ciento del metraje y, por el interés que ha generado, casi el cincuenta por ciento de las entrevistas que he hecho sobre la película”.

Según Nick: “En cuanto al estilo, queríamos que empezara recordando a la atmósfera de antiguos melodramas de Hollywood y que fuera transformándose en algo más hipnótico y siniestro según los personajes se van metiendo en el embrollo. Ahora me gustaría que con su lanzamiento los que escuchan esta música se la puedan llevar a sus mundos como la banda sonora de sus propias películas”.