‘One Night in Miami’: una impecable reflexión sobre los derechos humanos

4 Butacas de 5

Los derechos humanos se han retratado en el cine de muchísimas maneras. Es evidente que la evolución del cine y de contar sus historias, ha permitido que nos deleitemos con las diversas maneras que existen al hacerlo. Y aunque muchos pienses que todo está inventado, de ningún modo puedo compartir esa impresión sobre todo cuando uno ve One Night in Miami de Regina King.

La cineasta lleva a cabo la puesta en marcha de la historia de cuatro hombres, reunidos en una habitación de hotel de manera íntima como si fuera un relato teatral. Si a esos hombres les pones los nombres del boxeador Classius Clay, el músico Sam Cooke, el líder político Malcolm X y el jugador de fútbol americano Jim Brown, tienes ante tus ojos la historia de cuatro personas que lucharon por la igualdad de derechos, cada uno a su manera y con una sensibilidad excelente.

El guion es de Kemp Powers, codirector de Soul, se nota por tanto la capacidad emocional que le ha dado al libreto mientras que Regina King lo ha ejecutado en una película que es puro amor por el cine. One Night in Miami es una historia necesaria, sobre todo en estos tiempos de la era Trump, en la que los derechos parecen pisoteados ante el nuevo rostro del fascismo y la poca humanidad que existe en muchas personas.

El diálogo es la gran fortaleza de la película, hincando el diente en temas raciales, posturas diferentes sobre el tema y posibles métodos de cambio para acabar con la segregación.

La palma de oro del largometraje son sus interpretaciones. Kingsley Ben-Adir en el rol de Malcolm X, Leslie Odom Jr en el de Sam Cooke y Eli Goree en el de Cassius Clay, son lo mejor del film, un trio que sin duda alguno de ellos podrá estar en las próximas nominaciones a los Oscar ya que papel secundario, película y guion son sus tres grandes bazas.

Un largometraje exigente con el que lo disfruta, no solamente por el análisis que hace de la situación de los derechos humanos sino también porque nos pide recapacitar al respecto a través de un film excelente que sin duda es de lo mejorcito que nos viene desde Hollywood. Diferentes puntos de vista, una ejecución impecable de su directora con planos controlados al milímetro y una atmósfera teatral que sabe a puro cine.

‘Los Elfkins’: la dulzura de las moralejas

3´5 Butacas de 5

A ritmo de manga pastelera, buen rollo y mucha ternura, los más pequeños puedes disfrutar este fin de semana de una de las películas más entrañables con las que comenzar el 2021. Los Elfkins, película alemana para toda la familia con una moraleja que va mucho más allá de las risas que se echarán los peques de la casa.

Una historia simple pero llena de ternura en la que Los Elfkins viven escondidos de los seres humanos, los cuales son retratados por los pequeños protagonistas como seres peligrosos y oscuros, aunque todo eso está a punto de cambiar cuando cuatro jóvenes Elfkins deciden aventurarse al mundo exterior para descubrir la gran verdad de la humanidad: la bondad y el egoísmo.

Un relato sincero, en la que Elfie, Kipp y Buck suben hasta la superficie hasta toparse con Teo, un pastelero algo gruñón pero que esconde un gran secreto a su coraza emocional. El propósito de nuestros pequeños amigos es simplemente demostrar que están para ayudar a los demás, una moraleja que se agradece en estos días.

Jan Strathmann es el director de una película que no necesita mucha espectacularidad para calar en el corazón. A pesar de su corta duración (no llega a la hora y veinte) es un film que se disfruta, directo al grano y con un villano que representa todo el egoísmo y odio que alguna vez hemos tenido sobre los ególatras y prepotentes.

Una historia que triunfa sin duda en su aspecto dulce, tierno, afable y lleno de color con la que las risas serán las protagonistas en la sala de cine. Un film que no se debe perder toda la familia y que además de la solidaridad con los demás profundiza en la idea del perdón.

Otro de los aspectos positivos de la película es la animación del film, no solamente por la excelente realización de ella, sino por los colores usados, el equilibrio y la atmósfera conseguida en la que la magia se respira y los niños que crecimos volveremos a serlo para perdonarnos a nosotros mismos.