Aunque no lo creamos hemos llegado al verano y Mi semana extraordinaria con Tess, película del debutante Steven Wouterlood galardonada en el Festival de Valladolid, llega a las plataformas online para recordárnoslo. La cinta, centrada en la semana de playa de un niño de diez años, hace rememorar esos tiempos de descanso y ocio tan necesarios. Sam, el protagonista, se verá obligado a vagabundear por las calles de la localidad de veraneo junto a Tess, su nueva amiga, al tiempo que ambos van aprendiendo lecciones sobre la importancia de la familia.
Si bien las películas que retratan el verano suelen pecar de estereotipos, hay algunas que huyen de todo ello y proporcionan una imagen fidedigna de la juventud durante el periodo estival. Me refiero por ejemplo a la reciente Call me by your name -cuya descripción de los momentos y del lento paso del día quedaba plasmada a la perfección- o Pauline en la playa, de Eric Rohmer -en las que los devenires de la protagonista van de la mano de los enredos amorosos-. La película que nos ocupa no termina de comulgar con ninguna de las dos, pero sigue manteniéndose fresca gracias a su naturalidad y sensibilidad.
La
pareja protagonista,
formada por Jennifer Hoffman y Tjebbo Gerritsma, es uno de los pilares sobre
los que se sustenta toda la película. Mientras que él es introvertido y
sencillo, ella es un volcán a punto de erupcionar. Entre ellos comparten una
amistad que traspasa la pantalla y con los cuales es muy fácil de empatizar,
pues es un perfecto retrato de la amistad.
Pero
si bien todo esto es el envoltorio, la esencia de la película es su mensaje
sobre la familia y los momentos que se pasa con ella. Comentarla en detalle
sería destripar la película, pero sí es necesario remarcar el atrevimiento
con el que lanza su mensaje, manejando a la perfección la complejidad de las
relaciones.
Por tanto, Mi semana extraordinaria con Tess podría ser una de las candidatas a mejor filme familiar de este verano, ya que triunfa tanto en sus momentos cómicos como en los más dramáticos al hablar de la amistad, la muerte y el amor.
Las cosas no son blancas o negras, eso es algo que sabe muy
bien la película de la que hablo hoy. La caza ha sido una de las
obras más polémicas de los últimos meses en Estados Unidos. El hecho de que su
estreno inicial coincidiese con varios tiroteos masivos hizo que Universal
tuviese que posponer su fecha hasta el 2020. El grupo más conservador del país
comenzó una caza de brujas contra la cinta, culpándola de ser muy irrespetuosa
con la situación que estaba viviendo la sociedad estadounidense. El propio
presidente Donald Trump puso un tweet (obviamente, tenía que poner un tweet)
criticándola, lo que finalmente hizo que su estreno desapareciera del
calendario. A principios de año se estrenó en el país, y ahora nos llega a
España una de las sátiras más polémicas que he visto en la gran pantalla.
La caza nos traslada a un campo, rodeado por un bosque, en un lugar sin determinar. Allí observamos a varias personas que se van despertando de un profundo sueño, hasta que finalmente descubren la verdad: un puñado de personas de la élite del país los ha traído para cazarlos, sin ningún tipo de piedad por ellos, casi como animales. Un grupo de supervivientes tendrán que encontrar el porqué de este hecho y enfrentarse a ellos, a no ser que estos los encuentren antes.
Primeramente, y creo que este es el punto más positivo de la
película, debo decir que es entretenimiento en estado puro. Más allá de su
profundidad y de su reflexión política, lo que hace que entres de lleno en ella
es su ritmo y su capacidad para sorprenderte en todo momento. Tiene una
estructura bastante marcada: la primera parte es brutal, convirtiendo la
introducción y el planteamiento de la película en una americanada llena de gore
y violencia que enamorará a los más fans del género. La segunda mitad, mucho
más calmada, deja a un lado la violencia y se centra en explicar la reflexión
que existe detrás de la obra, haciendo que el espectador se tenga que
posicionar en un bando imperfecto.
En lo que tiene que ver con la estructura narrativa del film y el guion, hay que reconocer que La caza presenta algunos fallos. Sobre todo, esto se contempla hacia la mitad, entre las dos partes que hemos expuesto en el párrafo anterior. En ese momento, parece que la película se pierda y no sabe hacia donde ir, dejando al público perdido y perdiendo ese tono burlón, cómico y perturbador que veíamos al inicio. A pesar de eso, Lindelof hace un muy buen trabajo construyendo esta reflexión política y dándole un tóno cómico para rebajar la tensión que puede ocasionar una cinta tan controvertida como esta. Aunque su resolución termine siendo floja y cogida con pinzas, esto termina siendo un hecho insignificante, ya que estás demasiado dentro de esta aventura.
Llegamos a su punto más controvertido: su reflexión política y social. La caza es una sátira desvergonzada de la sociedad en la que vivimos, una sociedad tremendamente globalizada que vive a través de las redes sociales en muchos momentos. Aquí es cuando la cinta se mete en un terreno pantanoso, haciendo una crítica tremenda a la libertad de expresión (un elemento en el que muchas veces nos escudamos y que puede suponer un gran problema) y hacia la política estadounidense, sin llegar a posicionarse del todo en ninguno de los dos bandos. Es por esto que La caza es una película tan arriesgada y valiente: no tiene miedo a lo que puede pensar la gente, de hecho, es su objetivo. Obviamente presenta algunos fallos morales de los que podíamos estar discutiendo horas, pero esto no la convierte en una cinta de peor calidad. La intención es provocar de una manera explícita, y lo consigue con creces.
Quizá uno de sus problemas más notables sea el poco
tratamiento y profundidad que tienen los personajes. Ninguno de ellos tiene una
evolución o una profundidad psicológica, ya que estos elementos son utilizados
como meros símbolos o representaciones de conceptos sociales con los que juega
la película y que se encuentran dentro de nuestra sociedad. Por lo tanto, su
objetivo no es entretener al público gracias a una historia de personajes, ya
que su objetivo es plantearte una reflexión mucho mayor y más importante que
los personajes que vamos viendo en la película.
En el apartado interpretativo, encontramos un reparto bastante variado. Es muy probable que, a lo largo del metraje, te encuentres con rostros conocidos de la televisión y el cine estadounidense, ya que la película tiene varios cameos, como los de Emma Roberts (American Horror Story, Scream Queens), Justin Hartley (This is Us) o Christopher Berry (12 años de esclavitud). Sin embargo, aquí la corta el bacalao es Betty Gilpin. La actriz de Glow o La maldición nos regala una interpretación controlada, intensa, inspirada en la de Uma Thurman en Kill Bill. Junto a ella encontramos nombres como el de Hilary Swank (que, a pesar de no salir todo lo que nos gustaría, nos ofrece momentazos) o la de Wayne Duvall, que funciona muy bien como sidekick de la protagonista.
En conclusión, La caza es un entretenimiento que funciona como un tiro. La película nos presenta una narrativa llena de acción, gore, violencia explícita e intensidad que esconde una reflexión política y social que no contentará a muchos de los espectadores. A pesar de que algunos elementos del guion flojeen a lo largo del metraje e incluso parezca que están cogidos con pinzas, el film logra salvar los muebles, regalándonos una obra que se quedará en la mente del público durante días. Vayan a verla.