Guillermo de Oliveira: «El odio dice más de la persona que odia que del odiado»

‘Cara de Cona’ es el nuevo trabajo del cineasta que acumula más de 60 premios en Festivales nacionales e internacionales, y se posiciona como uno de los candidatos para estar presente en las nominaciones de los próximos Premios Goya

Hablar de Guillermo de Oliveira es abrir el alma de un tipo que ama profundamente el Western. Un género que nos exponía a los buenos y a los malos, en historias simples, pero en las que la luz y oscuridad estaban representadas sin razón, simplemente porque los seres humanos en la mayoría de momentos terminamos sacando el odio. ‘Cara de Cona’ es una radiografía divertidísima, mordaz y muy negra sobre el odio sin razón que existe en la sociedad.

Una crítica al odio intrínseco en nuestras vidas en la que marcamos a cualquier persona como un objetivo al que destruir. Un entorno rural de la Galicia profunda nos presenta a Moncho (Milo Taboada) un tipo silencioso, que vive y trabaja desde hace años en una pequeña aldea rural. Su paz interior se ve perturbada por la llegada de Pardavila (Diego Anido), un vecino bonachón hacia el que siente un odio irracional y al que tratará de destruir por completo.

La diapo – A morte nos teus ollos

La factura técnica de ‘Cara de Cona’ es impresionante. No solamente por el paraje rural sino por la composición que emplea el cineasta construyendo una absoluta joya en 2026. Con claros guiños al western, con esos primerísimos primeros planos del gran Sergio Leone, ‘Cara de Cona’ es un cortometraje que demuestra la estupidez del ser humano ejemplificada a día de hoy en las redes sociales a través de un humor negro encajado a la perfección con una historia que también tiene espacio en la ternura de sus protagonistas. Milo Taboada y Diego Anido llevan el peso de un cortometraje que recordarán los espectadores y con el que demuestran el enorme talento que tienen los dos actores. Con algunas escenas memorables ‘Cara de Cona’ es sin duda otra de las maravillas de 2026.

Fotografía: David Cruz

‘El Precio de la Red’: un drama de investigación ágil y certero

3’5 Butacas de 5

Si La red social (David Fincher, 2010) nos enseñaba los entresijos de la creación de un gigante como Facebook y el cambio de paradigma que ello supuso, El precio de la red, esta vez dirigida por Aaron Sorkin, nos muestra las entrañas de una megacorporación sin alma dirigida por los intereses del mercado y gobernada por la evolución de la persona fría, calculadora y rencorosa de la cual la primera película ya nos advirtió.

Esta nueva entrega se centra en los acontecimientos que tienen lugar dos décadas después de que Mark Zuckenberg diseñara lo que acabaría convirtiéndose en la mayor plataforma de redes sociales del mundo. El precio de la red cuenta la historia real de cómo Frances Haugen (Mikey Madison), una joven ingeniera de Facebook, consigue la ayuda de Jeff Horwitz (Jeremy Allen White), un reportero del Wall Street Journal, para emprender un peligroso viaje que acaba destapando secretos oscuros de la red social.

El reportaje de Horwitz, una serie de artículos conocida como ‘The Facebook Files’ (Los archivos de Facebook), se publicó en 2021 y destapó, entre otras cosas, los efectos nocivos de Facebook en los adolescentes, la proliferación de la desinformación política y la tendencia de la plataforma de radicalizar a sus usuarios con el objetivo de aumentar las interacciones. Aaron Sorkin se las apaña para entregarnos una película entretenida atravesada por sus ya archiconocidos diálogos a la velocidad de la luz cargados de ironía y sarcasmo que no harán más que reafirmar las posiciones de los espectadores.

Puede que este sea el verdadero problema de la película. El precio de la red se posiciona claramente vertiendo sobre el espectador toneladas de información específica de la cual, la mayoría, ya es de dominio público. La cinta no cuestiona ninguna de las posiciones, simplemente las expone; no favorece una mirada crítica sino que sirve para que los ya convencidos estén todavía más convencidos de los efectos nocivos de las redes sociales y los ultras tengan un motivo más para seguir cabreados con la agenda “woke”.

Aaron Sorkin despliega en El precio de la red todos sus encantos y la película funciona, no tanto por su aparente complejidad, sino por el carisma de sus personajes. A la película le falta pulso dramático, más allá de un par de obstáculos inocuos, la investigación no se enfrenta a ningún problema. Quizá el más cuestionado sea el personaje de Mark Zuckenberg, al que da vida un Jeremy Strong caricaturizado, sin embargo, ni siquiera el antagonista es lo suficientemente complejo como para avivar el drama.

El precio de la red muestra una de las investigaciones periodísticas más relevantes de la última década, sin embargo, su rigidez moral le impide explorar el problema desde todas sus aristas convirtiendo a la película en un legítimo entretenimiento que pone una piedra más en la voluntad popular de limitar las redes sociales.