‘Exhuma’: una apuesta de una gran fuerza narrativa

4 Butacas de 5

La famosa chamana Hwa-rim (Kim Go-eun) y su aprendiz, son contratados por una adinerada familia para investigar una peculiar enfermedad que aqueja a su hijo primogénito.  Las pesquisas conducen a una antigua tumba familiar ubicada en tierra sagrada, que deciden exhumar junto al embalsamador y experto en feng shui más famoso de Corea, Kim Sang-deok (Choi Ming-sik). Esta decisión libera un mal poderoso que amenaza con destruirlos a todos.

El terror asiático siempre es bienvenido, pues suele lograr muy bien su propósito. En este caso, Exhuma construye una historia estrechamente vinculada a la religión, que ocasiona un fuerte impacto cultural desde su visionado occidental. Un choque que no repele al espectador, sino más bien lo intriga aún más ya que, aunque algunas cuestiones se escapen, lo desconocido suele cautivar, sobre todo en terreno terrorífico. Pero no todo es perturbación, pues el humor destensa algunos momentos abrumadores, como esa excelente sucesión de tres planos en que los protagonistas descubren el poder de protección de los tatuajes budistas y deciden pintarse oraciones en la cara, para después sorprender a un desubicado controlador de tráfico (descubrimiento – controlador – protagonistas con la cara pintada como última revelación de cara al espectador: construcción cómica).

Chamanes, espíritus y conjuros, en una película de dos horas y media que no pesa en ningún momento. Son la fuerza de la imagen y la construcción narrativa las que impulsan y dinamizan la acción. En un momento de cierta caída de la expectación, un punto de giro inesperado reactiva el interés de forma casi inmediata, pues el guion del propio Jae-hyun apenas se permite despistes. Es cuando llega ese tercer acto totémico, imponente e imborrable, cuando la cinta alcanza su punto álgido. Con esas oscuras secuencias en que el sonido lo es todo y la imperturbable voz ancestral de las profundidades clama en busca de sangre.

‘Mads’: una angustiosa puesta en escena

4 Butacas de 5

Romain (Milton Riche) prueba una droga nueva y se dispone a salir de fiesta, pero la pesadilla comienza cuando de camino en el coche recoge a una mujer herida que, sin mediar palabra, se convierte en presa del pánico y golpea su cabeza hasta morir. Entonces la realidad y los efectos del fármaco se empiezan a mezclar.

Una de las primeras sorpresas del festival es Mads (2024), una película rodada sin cortes aparentes, que nos conduce a los infiernos de tres jóvenes amigos que comparten una droga extraña. No es nada realmente innovador, pero funciona a la perfección por su capacidad de angustiar hasta el extremo con su puesta en escena.

Esa sensación de estar dentro de la película sufriendo junto a sus personajes es constante y Moreau la consigue gracias al uso del sonido y la imagen: una focalización interna constante de los jóvenes que nos traslada a su estado de confusión y pérdida de la realidad para arrastrarnos con ellos.

El punto de vista, siempre de uno de los personajes, cambia durante la película para seguir a los tres amigos por separado, haciendo que su segunda parte caiga en la repetición, pues, llegado un punto, no ocurre casi nada nuevo. No obstante, la inmersión a la que nos somete y el sin cesar de acción suplen este defecto objetivo de la narración.