‘Presence’: emplea la presencia fantasmagórica a modo de visor del drama humano más profundo

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Una familia que se muda a una nueva casa en las afueras comienza a experimentar extraños fenómenos a su alrededor y empiezan a sospechar que hay una presencia de otra realidad con ellos.

El ejercicio estilístico de Soderbergh en su nueva película es más que suficiente reclamo para su visionado. El consagrado cineasta se atreve a experimentar con una puesta en escena absoluta desde el POV de la presencia que acecha a la familia protagonista. La cámara, líquida y sinuosa, recorre las estancias de la casa —único escenario del filme— desentrañando las crispadas relaciones familiares desde dentro.

Lejos de acercarse al género de terror, el director emplea la presencia fantasmagórica a modo de visor del drama humano más profundo, del miedo a la muerte y de la superación del trauma, de un modo similar a David Lowery y su espléndida A ghost story (2017), sin llegar a alcanzar su profundidad.

‘I, The Executioner’: la moral de la justicia

3’5 Butacas de 5

El detective Seo Do-cheol (Hwang Jung-min) y su división empiezan a perseguir a un asesino en serie cuando el asesinato de un profesor revela vínculos con casos anteriores. El criminal se mofa de un país confuso anunciando su siguiente movimiento a través de internet, por lo que el equipo de policías incorpora al idealista agente novato Park Sun-woo (Jung Hae-in) para reforzar su investigación.

I, the executioner es un thriller policial a la americana con todos los factores para ser un éxito comercial. La investigación más concienzuda se fusiona con algunas secuencias de pura lucha marcial desenfrenada. Pero, más allá de la acción y el thriller, plantea algunas cuestiones de reflexión fundamentales para nuestra sociedad dirigidas sobre todo a las nuevas generaciones.

El impacto de los medios de comunicación y las redes sociales en una era hiperconectada, juegan un papel más que relevante en la película surcoreana, pues las pesquisas policiales avanzan a trompicones por culpa de intereses egoístas ajenos y manipulaciones mediáticas, ocasionando una situación que sirve como advertencia ante al auge del amarillismo y la facilidad de las fake news.

Uno de los personajes espeta en un momento dado: “¿Hay asesinatos buenos y malos?”, confiriendo a la auténtica tesis de la película un carácter explícito. Ésta es la verdadera cuestión sobre la que habla I, the executioner: la moral de la justicia. Qué es justo. Aunque, por supuesto, lo más interesante son las secuencias de acción y el ritmo tan vivaz con que se narra la historia.